12 de octubre de 2018
12.10.2018
Ritos de paso

Vivir a dedo

11.10.2018 | 23:06
Vivir a dedo

Las gentes de mi generación hemos recorrido España y Europa, haciendo autostop, más castizamente conocido como "a dedo" "¿Cómo has venido?" "A dedo" respondí a Mercedes al llegar a Barcelona para unirnos a lo que después fueron unas históricas jornadas libertarias en el Parc Güell, estiu de 1977. Por causa de Mercedes, gracias a Mercedes, viajé a dedo a Barcelona o desde Barcelona, en muchas ocasiones. En una de ellas, acababan de poner una bomba en la sala de fiestas Scala, Martín Villa ya lo había dicho: "me preocupa más el movimiento anarquista y el independentismo canario que el terrorismo etarra" Así, se ordenó asesinar a Cubillo en Argel, en un intento chapucero que haría historia. Sobre quién o quiénes prendieron fuego al Scala, utilizaron a un supuesto anarquista que con su acción mató a tres militantes de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT, sindicato anarquista) como quien no quiere la cosa. Ya no hubo más jornadas libertarias, ya no hubo jamás unidad en el movimiento anarquista ibérico, sino peleas, escisiones y desapariciones. Mercedes también se fue, a otros menesteres distintos que complacer mi amor, esencialmente epistolar y más despistado con las cosas que de verdad interesan a las mujeres y concentrado, para variar, en rematar versos imposibles para aquella catalana que me recordaba a la novia de Edmundo Dantés ( El Conde de Montecristo) en Marsella.

A dedo me enteré, en un taxi que me paró, de Santiago de Compostela a La Coruña, que "la lucha de clases iba a empezar la semana siguiente o la próxima, pero no más tarde, los sindicatos ya se han decidido", me dijo aquel taxista coruñés del cual supe que era padre de una compañera mía de facultad, militante del PCE, que me aguantaba entre sus sábanas para captarme para su célula. No lo consiguió y yo me quedé sin sábanas y cariños. Ella se quedó con mis versos, para variar, y con aquel padre convencido de que la lucha de clases era algo así como quedar a la salida del colegio a darse unos piñazos.

A dedo parece viajar la sociedad española, o lo que resta de ella. Porque ir a dedo es ir al albur, al socaire, en el sentido de esquivar y rehuir el trabajo pendiente. Para mitigarlo un poco, hoy 12 de octubre, veré el desfile y me emocionaré cuando escuche La muerte no es el final. Qué le voy a hacer, soy un poeta melancólico, libertario y sentimental. ¡Viva el marqués de Bradomín!

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