12 de septiembre de 2018
12.09.2018
RETIRO LO ESCRITO

Caudillismo cabilcio

12.09.2018 | 00:35
Caudillismo cabilcio

Por un momento me propuse escribir sobre la reciente sentencia judicial que condena al Ayuntamiento de Agüimes a devolver miles de euros indebidamente cobrados a jubilados de la residencia de ancianos municipal. Pero, ¿para qué? Es indiferente. Ya el presidente, Antonio Morales, ha aclarado que eso no es nada, que menuda estupidez, que se devuelven las perras y ya está. Morales tiene patente de corso porque es un hombre de luminosa trayectoria progresista. La inextinguible luciérnaga de la izquierda en el sureste grancanario metamorfoseada en flamígera espada que tutela el presente y el futuro de la isla frente a las acechanzas del Maligno, es decir, de Coalición Canaria. Cualquier error en la gestión de Morales como alcalde o presidente del Cabildo no es más que una insignificancia alimentada, si no inventada, por la mala fe. Básicamente Morales -como cualquier caudillo- no se ha equivocado jamás. Una de sus matraquillas más insistentes, sobre todo al principio de su mandato, consistía en que la oligarquía empresarial estaba muy preocupada por su advenimiento en 2015 al frente de la corporación insular, pero al parecer los únicos que estaban intranquilos eran los jubilados de su pueblo. Lo suficientemente intranquilos -al menos- como para dirigirse al juzgado.

El caudillismo cabildicio -que es en sí mismo una ideología de poder- es una de las pestilencias más características de la política canaria. No sé ustedes, pero yo no he conocido un presidente del Cabildo -en particular en Tenerife y Gran Canaria- que no sea reconocido casi universalmente como un genio. Es una venturosa suerte estadística. Islas de decenas miles de habitantes y siempre conseguimos que los mejores entre nosotros presidan los cabildos, lo que significa, en el dialecto político de nuestras ínsulas baratarias, que siempre sabemos elegir a quienes defienden nuestro territorio a cara de perro, insobornable y a veces heroicamente. Porque un presidente del Cabildo, en ambas islas capitalinas, es un hombre -casi sin excepciones- que no tiene otra obligación política que la prosperidad de su isla, siempre amenazada por la isla del frente, por el Gobierno autonómico, por ministros criminales o alguna monstruosa combinación entre los citados enemigos.

El caudillismo cabildicio es la última instancia restante del pleitismo como mecanismo de competencia política y marketing electoral. Y cuanto más modesta es la gestión desarrollada mayor es la tentación de acudir al enemigo exterior para centrifugar las responsabilidades y adquirir una estatura épica. Hay que reconocer que Antonio Morales va más allá. Morales llegó al poder insular como una promesa de transformación política y reordenación de prioridades en la gestión, pero como la realidad es singularmente tozuda, tiró hacia un insularismo progresista y sin complejos, y ahora se dirige, con una despreocupación admirable, hacia una suerte de estética de la resistencia. Incluso dentro de su propio partido: Román Rodríguez representa el ala más conservadora e institucionaloide y él, en cambio, encarna el verdadero rostro de un nacionalismo de izquierdas en Nueva Canarias. Como de tantas otras cosas uno comienza a estar harto de líderes insustituibles que igual presidencializan una virgen que se inventan conspiraciones universales como certificado de su excelencia política. Quizás, después de todo, los cabildos no sean una estructura administrativa que contribuya a vertebrar este país y a gestionar más eficaz y eficientemente los recursos públicos.

www.alfonsogonzalezjerez.com

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook