11 de septiembre de 2018
11.09.2018
RETIRO LO ESCRITO

Sueldos parlamentarios

10.09.2018 | 23:17
Sueldos parlamentarios

Hace unos días los diputados del Parlamento de Canarias decidieron subirse el sueldo -en consonancia con la subida salarial aprobada a los funcionarios públicos- y llegaron a un acuerdo muy amplio: solo se opuso el grupo parlamentario de Podemos. Enseguida se me llenó el buzón del correo electrónico de ciudadanos indignados. El comentario más respetuoso hablaba de cerdos insaciables. Después de tantos años en esto yo creo que muchos desean fervientemente que los políticos se suban el sueldo para poder enfurecerse y pedir la guillotina. A nadie molesta el incremento salarial de funcionarios y laborales, pero que los diputados ganen unos cientos de euros más al año pone frenéticas a miles de personas. Siento de veras decepcionar a mis corresponsales electrónicos, pero que los diputados se suban el sueldo un 1,75% no me parece un problema político ni moral de primer orden y la desmemoria voluntariosa y la confusión deliberada con que la fauna tertuliana y grafómana aplica a este asunto lo hace todavía más estúpido y menos comprensible.

No está de más recordar que en 2012 los diputados canarios se bajaron los emolumentos a percibir un 5% y que ese tijeretazo salarial se mantuvo durante varios años. Pero vamos a lo central. Se ha podido leer estos días que el salario de los diputados isleños, con esta subida, rozará los 4.000 euros mensuales, pero se suele obviar que se trata de cantidades brutas. Esa cantidad queda reducida a unos 2.850 euros netos mensuales aproximadamente. Este salario base es más o menos equivalente a lo que cobran los representantes de los ciudadanos en el Congreso de los Diputados. En cambio, los suplementos que perciben están relacionados con las responsabilidades que asumen (miembros de la Mesa, presidentes y portavoces de grupos parlamentarios, presidentes de comisiones) son sensiblemente inferiores a los de la Cámara Baja. Por ejemplo, en el Congreso de los Diputados el presidente de una comisión tiene un complemento (rotulado como gasto de representación) de 1.431 euros mensuales (brutos) mientras que en el Parlamento canario es apenas de 127 euros por cada convocatoria (es muy raro que sean más de dos al mes).

No son escasos los estudios, ensayos y artículos que analizan comparativamente los costes de los parlamentos en la Unión Europea. El año pasado el politólogo Ferrán Martínez y Coma precisó en el blog Piedras de papel que el promedio salarial de los diputados para los 28 países de la Unión Europea era ligeramente superior a los 62.000 euros anuales. Los diputados y senadores españoles registraban un promedio de 55.000 euros. En el caso de Canarias, y excluyendo a la presidenta de la Cámara regional y sus vicepresidentes, cuyos sabrosos complementos distorsionarían cualquier cálculo, la media de lo que ingresa mensualmente un diputado (sumando todos los conceptos) está en unos 50.000 euros al año, que no está nada mal.

Defender unos salarios más modestos para los políticos puede ser razonable, pero convertir sus (buenos) ingresos en un pecado democrático o una burla social no clarifica derechos y deberes, sino que los confunden. Toda esa pueril fantasía de diputados mileuristas que, compartiendo los padecimientos del pueblo, legislarán más y mejor a favor de los intereses populares carece de cualquier sentido práctico. Nadie legisla más eficazmente o se toma más en serio su trabajo por ganar 1.000 euros mensuales menos. Lo importante no es reducir sustancialmente los sueldos, sino elevar los niveles de exigencia. La prioridad debería consistir en cambios reglamentarios que penalicen más rigurosamente el absentismo parlamentario, impidan los infames trapicheos al conceder compatibilidades y, especialmente, transparente la gestión de los fondos asignados a los grupos parlamentarios, sobre los que, muy escandalosamente, no se ejerce ninguna fiscalización. Por tal concepto CC-PNC recibirá este año 651.000 euros, el PSC-PSOE, 588.600, el PP, 525.000 y Podemos, 420.600, por citar únicamente a las cuatro fuerzas políticas más votadas. Conocemos perfectamente los sueldos y dietas de los diputados, pero nadie sabe con exactitud dónde va a parar toda esa pasta.

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