11 de agosto de 2018
11.08.2018
'Blackwood'

El club de las sombras

10.08.2018 | 23:01
El club de las sombras

Que Rodrigo Cortés es un cineasta con un talento notable para crear atmósferas y que maneja la cámara con soltura es indiscutible. Lo dejó claro en sus primeros cortos y en ese Concursante que era un homenaje a los modos espídicos de Scorsese. Con Buried jugó cartas distintas (un espacio mínimo, una contención visual inevitable) y en Luces rojas también mostraba que estaba más que preparado para ofrecer títulos de tirón comercial con una factura técnica que no tiene nada que envidiar a la de cualquier producción hollywoodiense. Los tres títulos dejaban claras también sus debilidades, algunas de índole estética (cierta tendencia a subrayados y efectismos) y otras de escritura. Los guiones con los que trabaja Cortés están muy por debajo de su dominio del lenguaje cinematográfico, y Blackwood no es una excepción. Más bien la confirmación de una rémora que impide al cineasta español exhibir todo su talento al máximo.

Basada en una novela de terror juvenil escrita en 1974 por Lois Duncan, la misma de Sé lo que hicisteis el último verano, la película de Cortés presenta dos partes bien diferenciadas. Si la primera de ellas está cargada de aciertos en la construcción de una atmósfera agobiante y alicatada de sombras, con una mirada persuasiva al mundo de las adolescentes y una querencia entrañable por los derroteros del terror gótico sazonado por los sufrimientos del genio creador, brillando un reparto bien escogido, la segunda parte es un despropósito aparatoso que nos recuerda que está producida por Stephenie Meyer, la autora de Crepúsculo.

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