13 de julio de 2018
13.07.2018
Ritos de paso

Antonio Machado, eterno

13.07.2018 | 00:16
Antonio Machado, eterno

Como este artículo trata de evocar, comienzo por la primera vez que escuché Out in the stret, de Bruce Springsten. Acababa de comprar The River en discos Algueró, en la calle Balmes (ya no existe, claro) y me había ido raudo en mi moto hasta el piso aprendiz de comuna en donde vivía, en el corner opuesto a la plaza de toros Monumental, en la Gran Vía barcelonesa. Mi equipo de música de entonces ya era una cosa decente, estrenada con el primer sueldo de profesor, un AKAI de 1980 (¡con diodos luminescentes en el amplificador!) y un plato VIETA. La aguja de diamante reprodujo la fuerza de la guitarra del Boss y el saxo de Clarence. Pues ocurre que mis locas entendederas están en permanente estado de banda sonora, por eso me gusta ponerle música, mentalmente, a cuanta imagen o escena contemplo. Y esta semana, viendo la fotografía en la que el presidente del gobierno de España le enseñaba al de la Generalitat de Catalunya la fuente en la que se supone se amaron Antonio Machado y Guiomar, no encontré nada mejor, como banda sonora, que la mencionada canción de Springsten. Todo tiene un origen, nada es casual, como bien dice mi amigo Agustín, y ocurre que en aquella época, yo leía y estudiaba mucho la poesía de Machado por el bien de mis alumnos de literatura de COU.

Además, hacía falta un poco de rock&roll en esta historia, en la de las relaciones con esa parte de Cataluña que se quiere ir al monte: lógico, el separatismo siempre ha estado muy unido al tradicional excursionismo catalán, que se lo cuenten a Jordi Pujol y sus ascensos y caminatas cada verano en Queralps. También hace falta rock&roll con la otra parte, la que no se quiere ir al monte, quiere seguir paseando por las calles de Barcelona y por otras calles, pero los Vargas Llosa, Ribera, Vals, Arrimadas y otros, se empeñan en calentarles la cabeza con españolismos decimonónicos, tanto, o más, que el nacionalismo catalán rapante. Todo muy del romanticismo: prefiero quedarme con Mari Shelley y su Frankestein ( Akal acaba de publicar una excelente edición anotada con motivo de los dos siglos de la obra) antes que con las locuras neogóticas y montaraces de unos y otros.

La estación de tren de AVE de Segovia se llama Segovia-Guiomar. Se recomienda hacer una foto al pasar por allí y llevársela a don Antonio a su tumba de Coilloure. Yo lo he hecho, dos veces, y me consta que le gustó, a don Antonio.

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