11 de julio de 2018
11.07.2018
el lápiz de la luna

Más viva que nunca

11.07.2018 | 01:17

Hay quien dice que las personas nunca mueren mientras haya alguien que las recuerde. Quizá por eso -aunque ya no estés en tu sillón de siempre, fumándote a escondidas tu mecánico blanco y viendo las noticias de La Uno- sé que no te has ido. Este mes es tu aniversario, abuela. Nos dejaste un verano caluroso pero con tu ausencia, a pesar de seguir en julio, nos llegó de repente el invierno. Duró muchos años esa estación y el anhelo del arroz con leche, de los chistes verdes o de la sabiduría que escondías entre los pliegues de tu cara. Anhelo de la melena blanca que te caía sobre la espalda y tú recogías en un perfecto moño sujetado con horquillas. Anhelo de tus consejos. Tú siempre fuiste muy tuya, muy echá pa'lante. Independiente. Fuerte. Soñadora. Sé que te hubiese gustado viajar, conocer mundo, tal vez por eso elegiste el Día de la Independencia de los Estados Unidos para partir. Porque no te gustaba que te hicieran sombra y te encantaba que hablaran de ti. Así que con tu marcha, la celebración de ese país que te hubiese encantado visitar pasó a un segundo plano. Te imagino en la barca de Caronte haciéndole un corte de manga al aniversario. Ha pasado mucho tiempo y andas más viva que nunca porque siempre te cuelas en mis conversaciones o en mis textos, como ahora. Estoy segura de que con tu extravagancia te has pasado por mis sueños y así conseguiste que te dedicara un libro entero. ¡Presumida! Ha pasado mucho tiempo y sigo haciendo las mismas cosas que me enseñaste. Por ejemplo: levantarme, ducharme y ponerme guapa. Porque como tú decías: "Una mujer bien puesta quita a su hombre de otra puerta o nunca sabes con quién te vas a encontrar, mira a ver qué impresión quieres dar. Que la primera impresión nunca se olvida". ¡Ay, abuela, qué loca estabas! También sigo bebiendo leche y gofio y comiendo caramelos masticables, de los de frutas, ¿te acuerdas? ¡Ah, e intento no perderme el telediario! Aunque, abuela, no veo el de La Uno. Es que los tiempos han cambiado. No sé si te gustaría cómo funciona el mundo ahora. Sigo teniendo largas charlas -unidireccionales- contigo frente al buchito de café. Pero, sobre todo, sigo esforzándome por ser justa y correcta. Escribo esto mientras veo por la tele a los americanos izar con orgullo su bandera y no puedo evitar imaginarte bailando en el mástil. ¡Ay, abuela! No sé si es porque me hago mayor pero andas más viva que nunca. ¡Vieja presumida, cuándo dejarás de dar el coñazo!

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