09 de julio de 2018
09.07.2018
Reflexión

Don Pedro y Don Carlo

08.07.2018 | 23:01
Don Pedro y Don Carlo

El primero es el presidente del Gobierno español. Al segundo lo encontramos como personaje que da título a una de las óperas principales de Verdi.

Si hacemos a Don Pedro ver y oír a D. Carlo pudiera darle un ataque de melomanía o un coma insulínico. Obviamente hablar de este segundo ataque es broma toda vez que se inducía a los enfermos hace años al coma para intentar curar su esquizofrenia. Y Don Pedro es el menos esquizoide, así lo pienso yo, entre los líderes del arco parlamentario.

Respecto al ataque de melomanía en la medida que podría asesorarse con su hermano director de orquesta, podemos seguir con D. Carlo.

En D. Carlo hay dos apuntes que conviene referir a D. Pedro. El primero acontece cuando el libretista habla de las Españas. Se entiende que no piensa en dos Españas, sino en una pluralidad de Españas. Tantas que durante el reinado del padre de D. Carlo nunca se ponía el sol. Felipe II tenía una España en la península ibérica, otra en Flandes, otra en América y todavía tenía más Españas.

Por tanto, según el texto no eran dos Españas, la de izquierda y la de derechas, ni la nacional y la nacionalista, ni la de la casta y la de la otra casta. Animo a D. Pedro a que hable de tantas Españas como sitios encuentre donde anide un ciudadano igual a todos, unido a los demás por los mismos derechos y deberes y por ello bajo el techo de la Constitución Española. En la época de Don Carlo abundaban las Españas bajo el techo de la Corona pero lo diferencia del techo constitucional la condición de refrendo popular que tiene la Constitución Española y no tenía aquella corona.

El otro apunte que quiero proponer se deduce del momento en que el rey, en un ataque de celos hacia su hijo, entona el celebérrimo Ella giammai m'amò. Aquí encontramos al rey Felipe II solo en sus aposentos del monasterio. En un largo monólogo precedido de un solo de violonchelo se define la soledad del monarca. Reconoce que su esposa no le amó jamás y siente más que nunca la soledad que acompaña al poder. En esta aria entramos dentro del alma de un hombre desgraciado y absolutamente infeliz atribulado porque entiende que tampoco le quiere el pueblo y reflexiona con un desiderátum dramático. El rey omnipotente manifiesta su deseo de leer los corazones de sus súbditos. De los españoles de las Españas.

Ese es el reto de D. Pedro, más allá de encuestas, de intereses partidistas y de ataques de pragmatismo. Frente a la sordera de la Moncloa, el objetivo es conseguir un radar que le permita leer los corazones de los españoles, de los jóvenes, de los nacionalistas, de los no nacionalistas, de los mayores y sobre todo de los que se sienten una minoría señalada por sus menores derechos. Ese Don Pedro podría darle una respuesta cinco siglos después desde la Moncloa a la escena de El Escorial. Leyendo los corazones de los ciudadanos de a pie de toda la vida.

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