08 de julio de 2018
08.07.2018
EDITORIAL

Santa Cruz se apunta al futuro

Pese a que queda un largo camino por delante para que esta segunda gran expansión de Santa Cruz se convierta en una realidad, todas las administraciones implicadas deberán ponerse a trabajar para que el sueño se convierta en realidad lo antes posible

08.07.2018 | 04:00

573.000 nuevos metros cuadrados -la superficie equivalente a más de 80 campos del fútbol-, 160.000 metros cuadrados destinados a espacios verdes, dos nuevos accesos a la ciudad -que se unirán a los dos existentes-, una nueva rambla unida a la existente, un puerto deportivo, una playa, nuevas camas para alrededor de 13.000 personas -incluyendo las plazas turísticas-, instalaciones deportivas, la regeneración de un espacio degradado por la actividad industrial, una nueva zona de apertura al mar sin vertidos de aguas residuales, un circuito para hacer ejercicio físico por todo el litoral€

El proyecto ´Santa Cruz Verde 2030´, presentado el pasado martes por el alcalde de la capital tinerfeña, José Manuel Bermúdez, no es solo un hito histórico en el desarrollo de la ciudad chicharrera, el más ambicioso de cuantos planes se han presentado en la etapa contemporánea. Supondrá, además, la creación de una nueva trama urbana y, sobre todo, la eliminación de la actividad industrial de la Refinería, tan reclamada por los ciudadanos durante años y años.

Cocinado con extrema discreción en los últimos dos años por los responsables del Ayuntamiento capitalino, la cesión por parte de la compañía Cepsa de los terrenos que ocupa en la actualidad en Santa Cruz traerá consigo la expansión de la ciudad por el único lugar donde podía. Pero, asimismo, conllevará una reorganización del mapa municipal que abre la puerta a la resolución de algunos de los principales problemas que arrastraba Santa Cruz de Tenerife: las dos nuevas vías de acceso aliviarán el tráfico, la descontaminación y sustitución de espacios degradados por zonas verdes traerá consigo una ciudad mucho más limpia, los proyectos aparejados a ´Santa Cruz Verde 2030´ dotarán a la ciudad de más servicios -escuelas, centros sanitarios, centros deportivos, comercios, transporte€- y se creará una nueva zona de conexión con el mar -también muy demandada por la ciudadanía- que se sumará a otros proyectos de futuro como la remodelación de Las Teresitas o la nueva playa urbana de Valleseco.

Desde que se instaló en Santa Cruz en 1930, después de que Las Palmas la rechazara porque los terrenos de La Isleta estaban destinados a instalaciones militares, la Refinería de Cepsa generó mucho desarrollo económico y empleo. Miles de familias chicharreras, de hecho, vivían de esta industria de forma directa o indirecta. Se instaló en unos terrenos que en ese momento estaban en las afueras de la ciudad. Con el crecimiento urbano, sin embargo, la planta terminó incrustada en la urbe, constituyéndose en una de las únicas ciudades del mundo con una refinería.

El 27 de julio de 2013, hace ahora cinco años, la opinión de tenerife adelantaba que la Refinería de Cepsa suspendía su actividad de refinado de crudo por las dificultades que atravesaban los mercados. La parada por razones económicas fue extraordinaria pues había muy pocos antecedentes en los ese entonces 84 años de historia de la planta santacrucera. "Por márgenes negativos que están afectando a todas las refinerías desde el pasado mes de junio [de 2013], Cepsa ha decidido suspender la producción de combustible y derivados en sus instalaciones de Santa Cruz de Tenerife", informó en ese momento la compañía.

Desde ese momento, la maquinaria de refinado no ha vuelto a funcionar, con la consiguiente desaparición de la contaminación, y la Refinería se ha centrado en el almacenamiento y distribución de combustibles y otros derivados del petróleo, que ahora proceden de otros centros de producción. A las desfavorables condiciones de los mercados se unieron las nuevas condiciones de la autorización ambiental a la Refinería que fijó el Gobierno de Canarias en 2014, y que según la propia empresa hacían inviable la producción. Cepsa no se marcha, ni mucho menos, de Tenerife. Mantendrá sus instalaciones de almacenamiento y distribución, así como sus gasolineras, e intentará reforzar su destacada presencia en la Isla. Es posible hacerlo sin Refinería. Es lo que marcan los tiempos y los mercados, es lo que necesita la ciudad y es el camino que se ha emprendido.

El futuro pasa, también, porque se mantengan los puestos de trabajo de la compañía en Tenerife. Es uno de los puntos que se incluyen en el histórico convenio firmado el martes por el alcalde y el vicepresidente y consejero delegado de Cepsa, Pedro Miró. Precisamente la escenificación del proyecto es una de las fortalezas de esta futura nueva ciudad para Santa Cruz de Tenerife. José Manuel Bermúdez podía perfectamente haber presentado esta idea sin necesidad de cerrar un convenio con la compañía. El alcalde, sin embargo, eligió una presentación a la altura de la importancia del plan: con la firma del convenio, con el apoyo de las principales administraciones isleñas -en el acto estuvieron el presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo, y su homólogo del Cabildo de Tenerife, Carlos Alonso- y con un amplio dossier informativo accesible para todos los tinerfeños en la web oficial del Consistorio capitalino.

Un proyecto de esta envergadura merecía esa puesta en escena con altura de miras. El futuro de Santa Cruz nace, pues, con transparencia -hay amplia información en el dossier municipal-, con el compromiso de contar con la opinión de los santacruceros -elegirán en una votación el nombre que llevará esta nueva ciudad- y con la involucración de todos los sectores, tanto sociales como productivos -el alcalde ha iniciado una ronda para presentar los pormenores a agrupaciones de vecinos, colectivos empresariales y asociaciones sociales-. En el marco de esa transparencia, el alcalde ha dejado claro que del total de metros cuadrados que se cederán a Santa Cruz, el 67% del terreno pasará a ser de uso público, mientras que el 33% restante será privado o lucrativo, un tanto por ciento para el disfrute de los ciudadanos superior a lo que suele ser el reparto en este tipo de convenios urbanísticos y, por tanto, muy favorable. Es una operación que, como todas las de este tipo, deja un margen de beneficio para el actor privado, en este caso Cepsa, perfectamente legítimo y proporcionado, más teniendo en cuenta que será la compañía la que se encargue de la descontaminación de la zona industrial.

Pese a que queda un largo camino por delante para que esta segunda gran expansión de Santa Cruz se convierta en una realidad, todas las administraciones implicadas deberán ponerse a trabajar para que el sueño se convierta en realidad lo antes posible. De hecho, Bermúdez ya ha firmado un decreto por el que le ordena a las distintas áreas del Ayuntamiento de Santa Cruz, sobre todo a la Gerencia de Urbanismo, que inicien los trámites para esta regeneración. No solo habrá que modificar el Plan General de Ordenación, para que ese suelo deje de estar clasificado como industrial, sino que habrá que establecer qué uso se le dará a cada una de las parcelas. También habrá realizar una ingente labor para desmontar toda la Refinería, descontaminar aquellos terrenos que lo precisen, construir los nuevos viarios, el puerto deportivo o acondicionar esta zona del litoral chicharrero.

En los años 70, esa parte de Santa Cruz era un punto negro, un verdadero quebradero de cabeza para las instituciones y motivo de sonrojo para los vecinos. Ahí estaba la zona del vertedero -conocido como lazareto- y un litoral completamente degradado pese a su valor patrimonial, con edificios históricos como el Castillo Negro. Hoy, la recuperación de Cabo Llanos para la trama urbana -la primera gran cesión de terrenos de la Refinería a Santa Cruz, desarrollada entre los años 1987 y 1991- ha modificado, mejorado y modernizado la capital tinerfeña de una forma que nadie duda y ha cambiado, incluso, el ´skyline´ de la ciudad, con el Auditorio, el Parque Marítimo, el Recinto Ferial, el Palmétum o el Complejo César Manrique.

Ese fue el primer gran paso. Ahora llega el segundo, que terminará de ´revolucionar´ la fisonomía de la ciudad y la acercará -esa es al menos la idea- a lo que la mayoría sueña. Santa Cruz tenía que dar ese paso, con valentía, con honestidad, con consenso. Queda un largo camino por recorrer, muchos retos por afrontar. Pero los pilares que se han puesto el pasado martes son lo suficientemente sólidos como para tener esperanza. Queríamos una ciudad más dinámica, más verde, más libre de contaminación, más atlántica, más accesible para todos los vecinos, con más servicios, más unida. Ha llegado la hora de dar el salto definitivo.

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