07 de julio de 2018
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'Sicario: el día del soldado'

El día del guionista

07.07.2018 | 01:19

El primer Sicario era una película especial. Un filme que confirmaba la singularidad de la mirada de Denis Villeneuve tras las extraordinarias Incendios y Prisioneros, y esa rareza titulada Enemy. Pero también era la primera piedra en la vertiginosa carrera como guionista de Taylor Sheridan, un secundario con largo recorrido en televisión que se destapó como un cineasta de diálogos rugosos, narrativa áspera y mirada profunda con esa cruda historia de policías atormentados y oscuros profesionales en la narco-frontera entre México y Estados Unidos. Después llegarían Comanchería y Wind River, su debut como director, dos filmes duros, a medio camino entre el western y el thriller, dotados de una innegable personalidad. Sicario: el día del soldado ahonda en este carácter mestizo de la obra de Sheridan, que retoma la relación entre los dos personajes con más aristas de la primera entrega, el agente del gobierno sin escrúpulos ni medida interpretado por Josh Brolin y el operativo de oscuro pasado al que encarnaba Benicio del Toro, dejándoles todo el escenario para construir otra película con aire de western y mandíbula marmórea.

Sicario: el día del soldado se beneficia además de la inteligencia del italiano Stefano Sollima, director de Suburra y de series como Gomorra y Roma Criminal, que no rehuye el legado de Villeneuve y trata de dar continuidad a sus hallazgos visuales en la sugerente primera entrega, desde esos inquietantes planos cenitales hasta el uso de las gafas de visión nocturna.

Ello no supone, sin embargo, una renuncia por parte del cineasta. Antes al contrario, Sollima se muestra efectivo en las escenas de acción, emplea con acierto el sonido y la profundidad de campo, y sabe sacar partido a la presencia, esa cualidad tan importante para un actor, de Brolin y Del Toro. Pero, sobre todo, el cineasta brilla cuando le sigue el juego a su guionista y persigue la épica del western, como en ese magnífico plano fordiano de un Del Toro decidido a afrontar su destino mientras, al fondo, la chica sale al porche de la casa.

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