03 de julio de 2018
03.07.2018
La Ciprea

Los becerros de oro

02.07.2018 | 22:59
Los becerros de oro

Caerán como cayeron los que adoraban incrédulos y falsarios. Caerán como cayeron aquellos otros ídolos bañados en oro en los que creían quienes huían por el desierto y desconfiaban de sus guías verdaderos. De niña me impresionaban esas escenas de películas en tecnicolor en las que aparecía Moisés enfurecido con sus tablas de la ley en la mano, el pelo revuelto después de tanta visión sobrehumana y los ojos soltando llamas por la ira que transmitía a tanta gente desconfiada y de mal vivir que se estaba divirtiendo a los pies del Sinaí mientras él pasaba tantos trabajos en nombre del dios al que servía. Recuerdo bien la escena: el pueblo, inocente y burlón, comiendo, bailando y otras cosas que no me dejaban mirar, alrededor de un enorme becerro de oro que brillaba en las arenas opacas de un desierto interminable. El pueblo, alegre y bullicioso, danzando a su alrededor y Moisés, poderoso y muy, muy enfadado, soltando su furia contra ellos. Era fantástico ver cómo los castigaba, humillaba y avergonzaba delante de los que habían permanecido fieles al Dios de Abraham. Fantástico y aterrador.

Conservo algo de eso cuando veo caer los ídolos modernos al suelo; cuando los veo llorar, humillados por un gol, un tribunal de verdadera justicia o un pueblo enardecido por los crímenes ajenos dispuesto a no perdonar ni una más. Me alegra verlos arrepentidos por haber pecado tanto y esperado tanto y ansiado tanto. A veces, me apenan sus fracasos, lo digo de corazón, pero también imagino la ira de los profetas y su placer al ver la caída de estos héroes modernos que nos confunden el ánimo y nos hacen llorar cuando pierden o son detenidos y expulsados del desierto en que nos hemos convertido.

Sí. Caminamos juntos por un raro desierto de poder, alegrías y fantasmas que nos han fabricado para tenernos distraídos y olvidados del mal ajeno, de las miserias ajenas, del dolor de los demás. Nos han dado caramelos, golosinas, rituales y festejos que nos entretienen el ánimo mientras otros sufren por el hambre y las enfermedades que padecen, el terror y la muerte que les rodea. Y nosotros, en mitad de este desierto de amor a los demás, nos regocijamos con pequeños ídolos que hemos bañado en oro y puesto en medio de la arena de un circo para que todos se inclinen a su paso. Y mientras lo hacemos, a nuestra espalda desfilan niños ahogados, madres desgarradas, pueblos enteros que huyen despavoridos de la guerra y el hambre y que a nadie importan ya. Nosotros a lo nuestro. Nosotros a disfrutar de los juegos y sus luchas de vencedores y vencidos. Lo demás, es una realidad que solo verá Moisés desde lo alto.

Elsa López.

Escritora y poeta

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