13 de mayo de 2018
13.05.2018
EDITORIAL

La hora de las mujeres

La revolución femenina es lo más importante de este inicio de siglo. No hay nada tan decisivo como los espacios que ya han conquistado las canarias, y las españolas, en su forma de relacionarse con sus entornos domésticos, laborales y sociales, y los cambios que aún les quedan por protagonizar para la plena igualdad

13.05.2018 | 04:00

La revolución femenina es lo más importante de este inicio de siglo. No hay nada tan decisivo como los espacios que ya han conquistado las canarias, y las españolas, en su forma de relacionarse con sus entornos domésticos, laborales y sociales, y los cambios que aún les quedan por protagonizar para la plena igualdad. El 1 de mayo el rechazo a sentencias como la de La Manada o la conmemoración del 8 de marzo han unido de manera espontánea a miles de ciudadanas. La movilización se ha convertido en una corriente transversal, intergeneracional y constante. Abuelas y madres que nunca pensaron en ocupar las calles salen ahora a luchar codo con codo con sus nietas e hijas para acabar con los estereotipos. Aprovechemos la ola para otorgar a la mujer el papel que verdaderamente le corresponde en la sociedad: el mismo que al hombre.

Empecemos por la ciencia. El 40% de los investigadores en España son mujeres. Aunque cueste creerlo, un porcentaje por encima de la media de la UE. Mejorable pero tampoco dramático respecto a otros sectores. El problema es que apenas se mueve desde 2009. Las mujeres representaron en el curso 2016-17 el 57,2% de las 36.142 matriculaciones en estudios de Grado y de 1er y 2º ciclo en las universidades presenciales canarias. La universidad de Las Palmas de Gran Canaria tuvo 17.972 matriculaciones; la de La Laguna, 17.604; la Europea de Canarias, 289; y la Fernando Pessoa de Canarias 277, estas dos últimas universidades privadas de reciente implantación.

En este punto cabe destacar la escasa visibilidad de las mujeres científicas como una de las causas del desinterés de las jóvenes por estos campos del saber. Baste citar el ejemplo de Margarita Salas, la heredera de uno de los siete nobeles españoles, Severo Ochoa, una mujer que ostenta el título de ser la investigadora española con mayor número de patentes. Sin embargo, su figura ni resulta popular entre el gran público, ni cuenta con el reconocimiento que merece.

Para la equidad quedan muchas vías que taponar, pero la brecha tecnológica abre una realmente urgente. El secretario de Estado para la Sociedad de la Información, José María Lasalle, ha advertido que internet es un medio hecho por hombres que prescinde en su dirección de las mujeres. Dos de cada tres integrantes de la plantilla de Google son varones. Si ya de por sí constituye una anomalía la escasa involucración femenina en el conocimiento técnico o matemático, ahora que nace en torno a esas ramas un vertiginoso cambio ese aislamiento amplifica el problema.

El progreso llega desde la enseñanza. Las mujeres abandonan menos que los hombres los estudios posobligatorios, a partir de los 16 años. Han asumido plenamente el valor intrínseco de la formación como ascensor social. Pero algo no funciona bien cuando contamos con un 66,2% de mujeres profesoras y sólo un 20,8% de catedráticas. Si seguimos por las administraciones públicas, los altos cargos los copan hombres: dos terceras partes. Y, en fin, éstos también ocupan abrumadoramente los consejos de administración de las empresas.

Por supuesto, Canarias guarda mucho talento femenino. Un ejemplo próximo lo hemos podido leer esta misma semana en el reportaje central de la revista EnergyHub, la primera revista de energía sostenible de Canarias. Impulsada además por una mujer, Juana González Rodríguez, y que nos presentó a Olga Fernández, Inma Aguilar y María Herrera, otras tres mujeres isleñas expertas en el diseño de parques eólicos. Se trata también de una muestra de talento en tecnología, pero la pericia femenina en Canarias va mucho más lejos y abarca a todos los ámbitos. Este fin de semana han viajado a Polonia 18 de esas mujeres, las chicas del Rocasa, que con los numerosos éxitos que atesoran constituyen un modelo de talento en lo deportivo. Hoy se juegan en Polonia su segunda Challenge Cup y con un poco de suerte añadida a su trabajo esperemos que se la puedan traer al Archipiélago.

Con todo, el peso de las mujeres en los ámbitos de decisión no guarda proporción, ni de lejos, con su incorporación al trabajo asalariado y a la educación, ni con su progresión y capacidad. Natural y normal es reivindicarlo. Y más cuando entre los jóvenes hay muchos, demasiados, que reproducen comportamientos sociales que parecían conjurados. Un salto cualitativo ha convertido el combate contra los hábitos masculinizados que de manera inconsciente interioriza la sociedad en un fenómeno de masas de gran arrastre. Frente al perfil ideologizado y radical ganó terreno el lado integrador: no contra los hombres sino en favor de la propia causa. Los partidos han visto un caladero de votos y van de cabeza a explotarlo. La nueva sensibilidad que arraiga no puede quedarse en otra pelea electoralista de tantas condicionada por las tácticas e intereses partidarios.

Las labores de la mujer, agotadoras en el campo y en el hogar, estuvieron históricamente minusvaloradas. El acta de la mujer casada, en Inglaterra, reconoció en 1882 el derecho de las esposas a la propiedad y a sus salarios. En España, eso ocurrió todavía más tarde. El Código Civil de 1889 especificaba que la administración de los bienes e ingresos de las españolas correspondía al marido.

Una de las primeras profesiones cualificadas a las que accedió la mujer fue la medicina, tras vencer enormes resistencias corporativas. Todo esto ocurrió ayer, como quien dice, hace apenas cien años. El siglo XIX fue el de la industrialización. El XX, el del Estado del Bienestar y la lucha de clases. El XXI va a ser, tiene que ser, el de las mujeres: un tiempo para que términos como reclusión, ocultación y sumisión dejen de figurar en su diccionario y el sexo no determine diferencias; un tiempo en el que a las víctimas de violación no se les pidan comportamientos heroicos para acreditar judicialmente que no consintieron. Una época para valorar en libertad su forma de ver, ser y estar en el mundo.

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