06 de mayo de 2018
06.05.2018
tribuna abierta

Las cosas van mejor

06.05.2018 | 02:42
Las cosas van mejor

Por mucho que se diga, las cosas van mejor. Lo dicen los indicadores de desempleo y la evolución de las cifras del crecimiento económico. Hemos salido de unos años terribles en donde miles de empresas echaron el cierre y millones de ciudadanos, con sus familias, perdieron el trabajo y en ocasiones el hogar. Sería nefasto que no hubiéramos aprendido nada de todo eso. La experiencia consiste, básicamente, en evitar volver a cometer los mismos errores que ya tuvimos.

¿Estamos a salvo de otra crisis económica? No. No lo estamos. El mundo en el que vivimos está enormemente globalizado y cualquier problema internacional podría afectarnos. Desde la subida de los precios del petróleo a las veleidades proteccionistas del actual presidente de los Estados Unidos -ese populista que practica las doctrinas de los antisistemas europeos- pasando por fluctuaciones en el número de turistas que acuden a Canarias. Nadie está a salvo de ocurran cosas que puedan afectarles puntualmente.

Pero hemos hecho algunas cosas con sentido en los últimos tiempos. Primero, hemos logrado que nuestro propio país, España, reconozca el carácter singular y especial de un archipiélago como el nuestro. El reconocimiento jurídico de una fiscalidad propia, que nada tiene que ver con la financiación de los servicios públicos estatales (sanidad o educación, por ejemplo) significa más recursos disponibles para los canarios, para compensar la carestía de la vida y las dificultades del desarrollo.

En segundo lugar, hemos conseguido que la Unión Europea proteja de los efectos de los recortes de su presupuesto a los más débiles. Las regiones ultraperiféricas como Canarias han logrado mantenerse al margen de los efectos de la recomposición del presupuesto de la Comunidad, con la salida de Gran Bretaña. Y esa es una noticia de enorme alcance que demuestra, además, que los políticos europeos son sensibles a las situaciones especiales, como la de los archipiélagos de ultramar que padecen grandes limitaciones, diferentes a la del continente.

Lo que nos permitió aguantar durante todos los peores años de la crisis fue la solidaridad de las familias y las administraciones públicas que dedicaron sus presupuestos de forma prioritaria a las ayudas sociales. Defender la existencia de unos presupuestos públicos bien dotados, que permitan afrontar gastos e inversiones necesarias para nuestros ciudadanos, es la primera de las lecciones que deberíamos aprender de estos años pasados.

Estamos creando empleo incluso cuando está creciendo la cantidad de personas que lo buscan (hay más activos que nunca en nuestras islas y pese a ello desciende el paro). Ese era el primer problema que debíamos solucionar. El efecto combinado de la recuperación económica y el aumento de la inversión pública -básicamente la obra pública- está logrando un despegue importante de la construcción. Sectores como la industria y la agricultura han emprendido un crecimiento constante que va arañando más protagonismo en una economía en la que, hasta ahora, pesaban muy poco.

Esta es la realidad que se impone a los charlatanes políticos. Esos mercachifles que cuando se acercan las elecciones abren su tienda de soluciones mágicas para vendernos a todos su crecepelo milagroso: diversificar la economía de Canarias. Es decir, dedicarnos a fabricar cohetes espaciales o convertirnos en un centro financiero como Hong Kong.

En realidad Canarias vive exactamente de aquello para lo que está mejor preparada. La venta de servicios turísticos es un sector de éxito aquí, en Balerares o en Hawaii. Y se basa en tener riquezas naturales que deben cuidarse, en un clima excepcional, en una planta alojativa de calidad, en comunicaciones... Hacemos muy bien lo que mejor preparados estamos para hacer. Y ya es hora de que pongamos en su sitio a los charlatanes.

Canarias no necesita cambiar su modelo económico, sino mejorarlo. Tener una industria tecnológica -cuyo desarrollo sigue de forma imparable- y una agricultura que ya abastece al 20% de nuestro mercado interior. Lo que necesitamos es que la riqueza que se genera en esta tierra fluya de mejor manera. Necesitamos que haya mejores salarios en el sector servicios. Y que los beneficios de la actividad turística lleguen al bolsillo de emprendedores y empresas de capital de las islas.

Lo que nuestra economía necesita ahora es precisamente eso. Que esa riqueza que está aumentando y que se ve en el crecimiento del Producto Interior Bruto, empiece a llegar al bolsillo de los trabajadores. Que se consolide el aumento del consumo y que seamos capaces de seguir manteniendo nuestro éxito como destino para los muchos millones de europeos que deciden pasar aquí sus vacaciones.

Nada de eso está asegurado, en un mundo que vive de sobresalto en sobresalto. Pero nuestro trabajo consiste en intentar hacerlo todo lo mejor posible para que, en condiciones normales, podemos vivir mejor. Los agoreros que siempre están anunciando una nueva gran crisis algún día acertarán, porque hasta un reloj parado da dos veces al día la hora correcta. Pero de momento, gracias a dios, se equivocan. Y que sea por muchos años.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook