04 de mayo de 2018
04.05.2018
RETIRO LO ESCRITO

La burbuja

04.05.2018 | 04:00
La burbuja

José Luis Ábalos es un honesto y competente aparatista al que Pedro Sánchez convirtió (primero) en portavoz interino del grupo parlamentario socialista en el Congreso de los Diputados para impulsarlo (después) como el nuevo secretario de Organización del PSOE. Sánchez no desprecia a profesores ni intelectuales, pero no los quiere en el equipo de dirección, donde la virtud que más aprecia es la capacidad de control sobre la organización y la destreza para ganar primarias, una habilidad en alza en el nuevo socialismo. Ya se sabe que el secretario general privilegia su relación con los militantes por encima de su relación con los ciudadanos. A la larga es un desastre, porque el PSOE termina por representarse solo a sí mismo. Ábalos ganó para el sanchismo la Comunidad Valenciana, un hueso duro de roer, y el líder se quedó encantado. El secretario de Organización visitó Canarias por las festividades del 1 de mayo y su efecto fue el mismo que el de una columna de vapor: ninguno. Un vaporoso cruce de contradicciones.

Ábalos quiso dejar claro que el PSOE no iría otra vez con Nueva Canarias a las elecciones generales. Observó que no tenía ningún reproche que hacer a NC, porque a lo único que se comprometió Pedro Quevedo fue a votar la investidura de Pedro Sánchez "y en lo demás tenía plena libertad". Qué cosas. Es el acuerdo de confluencia electoral más chiripitifláutico que se conoce en los últimos años. ¿No había nada más? ¿Ningún asunto canario? ¿Ningún compromiso explícito sobre las reformas legislativas que el PSOE llevaba en su programa para presentar en la Cámara? En otro momento el secretario general explicó didácticamente que los nacionalismos son siempre e invariablemente de derechas como otra razón implícita para interrumpir la colaboración electoral entre el PSOE y NC. Si a Quevedo le dicen que es de derechas se le corta la digestión de la dorada a la sal en Felo Botello. Los socialistas llevan más de treinta años negociando acuerdos electorales y, sobre todo, parlamentarios con los nacionalismos periféricos y, en particular, con catalanes y vascos, sin excluir pintoresquismos más recientes, como sostener a un regionalista verborreico como Miguel Ángel Revilla al frente de la Comunidad de Cantabria. Lo que hay que oír a estas alturas. Ábalos debería asumir que la amnesia política de los ciudadanos es muy amplia, en efecto, pero tiene un límite.

Por supuesto, Ábalos insiste en particular en que CC es tan derechas como el Partido Popular. Una observación que conduce inmediatamente a la pregunta de por qué diablos el PSOE ha pactado con CC en ayuntamientos y cabildos en la inmensa mayoría de los casos antes de con el PP. Por qué es impensable -hasta ahora al menos -compartir el gobierno autonómico con el Partido Popular mientras se han hecho dos ensayos- uno más o menos tranquilo y feraz y otros frustrado y convulso- con los coalicioneros. Nadie va a preocuparse por responder a cuestiones tan obvias, porque el discurso político, en la actualidad, ya no es siquiera una capa de pintura para hermosear la praxis cotidiana de la lucha por el poder y el reparto de las instituciones. Es una pompa de jabón que se queda flotando un instante en el aire, para rellenar media página o dos minutos de telediario, y a correr, que ya se acercan las próximas primarias, compañeros y compañeras.

www.alfonsogonzalezjerez.com

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook