10 de abril de 2018
10.04.2018
RETIRO LO ESCRITO

Una buena oferta

10.04.2018 | 00:20
Una buena oferta

Sorprendentemente los cuatro partidos que promueven la reforma del régimen electoral en Canarias -PSOE, PP, NC y Podemos- han realizado, a penúltima hora, una nueva oferta a Coalición Canaria. Felizmente han enterrado la estúpida ocurrencia de un colegio de restos electorales y han sugerido, por fin, una lista electoral regional, con dos opciones además: o se agrega un diputado a Fuerteventura, a causa de su fuerte crecimiento demográfico, y una lista electoral de nueve diputados, o se suman tres nuevos diputados para las circunscripciones insulares de Tenerife, Gran Canaria y Fuerteventura, y siete en la circunscripción regional. Esto si es una auténtica reforma electoral, reducción de los topes electorales mediante, porque no solo puede reequilibrar las circunscripciones insulares, sino porque abre la puerta hacia una vía electoral para reforzar la regionalización de las estrategias partidistas a favor de una mayor cohesión política del país.

Sería un grave error si Coalición Canaria desaprovecha la oportunidad por miedos porcentuales o reservas tácticas. Una de las razones por las que siempre ha obtenido mayoría parlamentarias -por supuesto, hay otras- es por su naturaleza de fuerza política con una implantación sólida en casi todos los territorios insulares y su fantasmagórica presencia en Gran Canaria es lo que, en efecto, les ha privado de cualquier anhelo de una mayoría amplia y rotunda, no digamos hegemónica, a partir de 2007. Una lista regional no debería generar pánicos coalicioneros, aunque demasiados cargos públicos y orgánicos llevan inscrito en el cogote eso de que en tiempo de tribulación más vale no hacer mudanza. Quizás una reforma electoral que incluya una lista regional no sería un mal estímulo para que los dirigentes de Coalición Canarias se sacudan antañonas inercias retóricas, discursivas, operativas y, al fin y al cabo, políticas. Más vale reformarse a sí mismos con inteligencia a ser reformados por la realidad (electoral) con brutalidad. No admitir esta oferta de reforma electoral -con los matices que se quiera- trasmitiría una imagen de numantinismo que puede contribuir a la derrota en 2019 incluso manteniendo el actual sistema.

Por supuesto que una reforma electoral no higieniza ni fortalece suficientemente un sistema político democrático. Puede incluso dejarlo tan insatisfactorio como resulta actualmente. El bloqueo en la renovación de los órganos que dependen del Parlamento (Audiencia de Cuentas, Diputado del Común, Consejo Consultivo) o el proceso autodestructivo que amenaza la RTVC no tienen ninguna relación con el régimen electoral actualmente en vigor. La salud democrática y los controles de la gestión pública tienen otras exigencias que no pasan exclusivamente por las urnas. Pero eso, por supuesto, se lo callan los partidos electoralmente reformistas o no reformistas. Porque para el cambio de la normativa electoral solo falta una reforma legal. Para mejorar la democracia, en cambio, es imprescindible un proyecto político ampliamente compartido, consensuado y articulado. Y nadie quiere eso.

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