07 de abril de 2018
07.04.2018
Cine 'El justiciero'

Del tópico al topicazo

07.04.2018 | 01:05
Bruce Willis en un fotograma de El justiciero.

¿Existe algo peor para un actor que caer en el encasillamiento? Sí, existe. Caer en el conformismo después de ser consciente de tal circunstancia. En la película Batman Begins le decían a Bruce Wayne a modo de enseñanza: "¿Por qué nos caemos? Para aprender a levantarnos". El problema no estriba, pues, en el encasillamiento, sino en la apatía de quien se deja arrastrar por la fama de un personaje para dedicar toda su carrera a repetir un mismo perfil. Bruce Willis es un ejemplo de buen actor que, habiendo brillado en el género de acción y siendo capaz de despuntar con interpretaciones arriesgadas e, incluso, diversas, se ha convertido en los últimos años en una caricatura de sí mismo. La magnífica película Jungla de cristal dio origen a una saga irregular, pero aportó numerosos beneficios a esa modalidad cinematográfica. Durante algún tiempo, Willis se dedicó a abordar nuevos proyectos, unos con notable acierto ( Pulp Fiction, La muerte os sienta tan bien, Doce monos, El sexto sentido, El protegido) y otros, sin demasiada suerte ( El último hombre, La hoguera de las vanidades). Pero, en todo caso, con esa trayectoria se forjó un nombre propio. Sin embargo, llegó a un punto en el que se limitó a explotar su faceta de tipo duro y correoso. Estiró demasiado el papel de John McClane, se involucró en otros seriales de la gran pantalla como Los mercenarios, G.I. Joe o Red, y participó en propuestas tipo El último disparo o Actos de violencia. En lo que llevamos de milenio, tan solo Looper merece ser destacada.

En esa dinámica de apatía, reincidencia de tópicos, reproducción de viejos estereotipos y repetición de fórmulas usadas se encuadra El justiciero, enésimo filme que recurre a la violencia como fórmula para presentar una trama simple y básica que justifique el desenlace final. Tal vez pueda funcionar la primera docena de veces que se ve, pero cuesta digerirse cuando son centenares los trabajos similares que ya han pasado por las carteleras. Su principal reclamo es contemplar a Bruce Willis pretendiendo ser un tipo afable y normal que, ante un cruel acto de maldad, no duda en tomar las armas y liarse a mamporrazos para obtener esa justicia que el civilizado sistema judicial es incapaz de conseguir. Su condición de cariñoso, tranquilo y hogareño cirujano que presta sus servicios en un hospital cambia de forma traumática cuando tres criminales asaltan su casa, matan a su mujer y dejan a su hija malherida. La pasividad de la policía le obligará a llevar a cabo un plan de venganza, cuya primera medida consistirá en dar caza a los culpables.

Dudo mucho que se genere ningún malentendido de fondo entre los espectadores que acudan a las salas de proyección. Desde luego, no podrán alegar expectativas frustradas porque, ciertamente, El justiciero ofrece lo que promete. Es una historia plana, lineal y previsible que satisface un doble objetivo: el castigo de los malvados y el triunfo de su perseguidor. De hecho, se trata de un remake de El justiciero de la ciudad, protagonizado por Charles Bronson en 1974. Willis posee más versatilidad y efectividad que Bronson, juega mejor con el humor y revela una mayor capacidad para sostener el peso de la historia sobre sus exclusivos hombros. Aun así, no puedo evitar preguntarme por qué ha desaprovechado su talento claudicando ante este permanente encasillamiento.

Le acompañan en el reparto otros intérpretes que antaño realizaron actuaciones meritorias, pero que están en franco retroceso profesional, como la oscarizada Elisabeth Shue ( Leaving Las Vegas, El hombre sin sombra, las dos últimas entregas de R egreso al futuro) y Vincent D'Onofrio ( Men in Black, Ed Wood, J.F.K. Caso abierto).

www.cineenpantallagrande.blogspot.com.

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