13 de marzo de 2018
13.03.2018

Horror

13.03.2018 | 01:13

Que no estamos entrenados psicológicamente para tomar, "en caliente", adecuadas decisiones, es una realidad. Por algo bien que recomiendan contar hasta diez, dar un paseo o esperar hasta el día siguiente para elegir una determinación apropiada. Esto último es lo que hice al enterarme del asesinato del niño Gabriel, en Níjar. Sí, porque la primera reacción que ocupó mi mente fue que había que reclamar ?cuando siempre estuve en su contra? la pena de muerte para la mala bestia que cometió el crimen. Con el paso de las horas, poco, aunque algo, me fui serenando. Entonces me dije, ¡No hay derecho! No, no hay derecho a cargar en las espaldas de la sociedad el homicidio consentido por las leyes ni, por supuesto, en la conciencia de ningún juez.

Descartado el patíbulo dediqué mi atención a la cadena perpetua, mas ahora, influenciado con toda esta historia de la prisión permanente revisable, no me pareció mala solución. Claro que, vuelta a meditar, ¿qué razón nos asiste para que, en forma de impuestos, la comunidad haya de cargar con los gastos de vigilancia y pensión completa de estos desalmados individuos, capaces de acabar con la vida de cualquier persona sin pestañear? No tengan duda alguna: al final se acomodan a la vida en una celda, son felices y el remordimiento ni saben lo que es. No les digo nada lo que se carcajean cuando no les detienen o tardan en hacerlo. O como el mascador de chicle jactándose de que en siete años retornará a la libertad. ¡Gentuza!

Ni pena de muerte ni prisión perpetua. Entonces, ¿qué hacer? ¡Muy fácil! ¡Al fin encontré la solución! Tan solo para estos aborrecibles bárbaros. Pena de un año de cárcel. Eso sí, bajo unas condiciones concretas, inmutables y con capacidad de revisión. Durante 300 días, la presunta asesina de Gabriel, permanecerá en una celda, bien luminosa, con paredes, techo y suelo decorado íntegramente con fotografías del infeliz niño, en gran formato, con diferentes sonrisas, sobremanera aquellas de pilluelo dichoso con las que conquistaba su vida; otras, reflejando su limpia mirada, chispeante, inteligente y sincera, hasta cubrir el último hueco. Que estas imágenes sean lo que su infernal retina descubra las 24 horas del día y se entere que ha segado una vida inocente.

¿Y qué adelantas con esto? Elemental, Transcurridos 10 meses se instala un gancho a cierta altura del que pende una soga con nudo corredizo y se facilita una silla a la cual subirse. El resto lo determinará el tiempo. Poco tardará en hacer uso de ella para pasar al Infierno. Hemos ahorrado remordimientos y dinero. Ya sé que no, pero como me gustaría que este sueño fuese realidad.

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