11 de marzo de 2018
11.03.2018
semblanza

Un inmenso vacío

10.03.2018 | 23:17
Un inmenso vacío

Se ha hecho un silencio infinito en la música y la Cultura de Canarias. María Orán era una mujer tan amplia y generosa como su repertorio, pues supo acometer todas las posibilidades que la literatura musical de su registro de soprano lírico le proporcionaba, no solo en la ópera, sino sobre todo en el oratorio, de la canción española, del lied alemán o de la mélodie francesa cuyos aires y sutilezas supo recoger tan bien como símbolo de su identidad artística. María solía decir que había cantado desde siempre, y tenía que ser verdad porque cuando hablaba de la música era como un arcano misterioso del que había descubierto muchos de sus secretos, pero que seguía venerando como algo insondable al que el artista debe acercarse con todo el respeto, el rigor y la exigencia que ameritan las pocas cosas que hacen más humano al ser humano. La música es una de esas cosas.

Es difícil entender la vida artística de María Orán desligada de la vertiente formativa, y ahí radicaba otra de sus grandezas. Muchas promociones de la Escuela Superior de Canto en España, o de la Escuela Superior de Música de Friburgo (Alemania), y finalmente del Conservatorio Superior de Música de Canarias, así como de los innumerables talleres que ofreció a cantantes canarios que hoy en día están en carrera y llevan el nombre de nuestra tierra por el mundo, como ella hizo, deben a la maestra Orán el trabajo técnico de sus voces, pero también el consejo de la experiencia, la palabra adecuada en cada caso a las necesidades y vicisitudes de un cantante joven. María Orán era una mujer desprendida y equilibrada, que atendía con la misma mesura a un joven que comenzaba su formación que a una gran soprano en carrera profesional. Amante de su trabajo, siempre respetó con igual importancia a todos los profesionales con los que convivió en la escena y era una lección ver cómo la mujer que había cantado con Pavarotti o Domingo o del Mónaco, cómo la que le había estrenado música a Federico Mompou, Antón García Abril o Joaquín Rodrigo, se aplicaba igualmente con algún estudiante exigiendo a cambio el mismo rigor y amor por la música, otra de sus constantes. Esa es una lección que solo los más grandes tienen aprendida. Decía Enrique Sealtiel que "en algún lugar del alma se extienden los desiertos de la pérdida", es cierto, y el silencio de esos páramos es tan ensordecedor que tardaremos un tiempo en recuperarnos y valorar bien el inmenso vacío que María nos ha dejado. Descansa en paz María Orán.

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