21 de enero de 2018
21.01.2018
efemérides de santa cruz

Valor documental del padrón de habitantes de 1818 de Santa Cruz de Tenerife

21.01.2018 | 04:00
Valor documental del padrón de habitantes de 1818 de Santa Cruz de Tenerife

En el nuevo sistema general de Hacienda, creado por Real Decreto de 30 de mayo de 1817, a la Muy Leal, Noble e Invicta Villa, Puerto y Plaza de Santa Cruz de Santiago de Tenerife le correspondió satisfacer al Reino una contribución de 84.805 reales de vellón.

Los contribuyentes serían todos los vecinos por las haciendas, ganados, oficios, comercios y utilidades que disponían, y por las tierras, casas, frutos y rentas de cualquier especie que disfrutaban. Igualmente lo serian los hacendados forasteros y los eclesiásticos seculares y regulares.

Para dar cumplimiento a la citada Real Instrucción, y formar la Junta que se encargaría del Repartimiento Individual, el Juez Real Ordinario, Enrique Casalón, se reunió con el Beneficiado, José Mamerto del Campo, y con el regidor más antiguo, el síndico personero Patricio Anrán del Prado, asistidos por el secretario del Ayuntamiento, Enrique José González.

Los citados miembros de la Junta nombraron a cuatro peritos repartidores: Luís Colina, Andrés Tomás Oliver, José Cambreleng y Vicente Martinón, todos ellos adornados de probada inteligencia para realizar esta labor, los cuales juraron su lealtad y fidelidad al Rey.

Para poder llevar a cabo un recuento de la riqueza imponible, los peritos pidieron al Ayuntamiento que les facilitase el estado individual de los bienes de sus habitantes, a lo que éste contestó que no tenía ninguna información al respecto debido al poco tiempo que llevaban en el cargo, pues la primera Corporación Municipal se había constituido después de recibir el privilegio de Villa Exenta de La Laguna, por Real Cédula firmada por Carlos IV, el 28 de agosto de 1803.

Ante esta situación, el Intendente provincial consideró que efectivamente eran los Peritos repartidores los encargados de llevar a cabo la operación de cálculo de las utilidades de cada contribuyente, la reunión del importe de todas ellas, y la designación de lo que cada uno tiene que pagar de contribución.

El Sr. Intendente también aconseja a la Junta que publicara bandos y edictos, solicitando a cada vecino una declaración jurada de sus bienes, industrias y comercios.

Debido a la premura que se exigía para resolver este asunto, el Ayuntamiento se reunió el 3 de enero de 1818, acordando elaborar un Padrón General y Específico del término municipal, que debería quedar concluido a final de mes.

Los regidores y diputados de la corporación asumieron cumplimentar cada uno los nueve cuarteles -lo que hoy denominamos distritos- en que estaba dividida la población, así como los puntos demarcados alrededor de la Villa.

En el citado año, la Corporación Municipal estaba formada por el Alcalde Real Ordinario, José Sansón. Los Regidores, Enrique Casalon, José María de Villa, Domingo Madán y Matías del Castillo. Los Diputados del Común, Felipe Ravina, Sebastián Greagh y Mateo Martinón. Y el Síndico Personero, Patricio Anrán del Prado.

Los datos de los diferentes distritos se fueron cumplimentando poco a poco, aunque, debido a lo engorroso del tema, se dio el caso de que muchas personas no entregaron la declaración jurada de sus bienes, industrias o comercios en la fecha señalada, por lo que hubo que publicar un nuevo edicto apercibiendo a la población de que si no la presentaban en el nuevo plazo establecido procederían a buscar los datos por otros medios.

Por fin, el 26 de febrero, la Junta tuvo en sus manos el Padrón con las declaraciones juradas de los vecinos, elaborada con la finalidad de uniformizar el valor de la riqueza para el repartimiento de la contribución general del Reino, procediendo, del mejor modo posible, a formalizar dicho repartimiento.

Las listas con los nombres de los 6.000 vecinos fueron expuestas al público el 6 de junio, teniendo los interesados 15 días de plazo para que pudieran presentar las reclamaciones que consideraran oportunas.

La estructura del Padrón está dividida en los siguientes apartados:

En las páginas pares se especifica la calle, demarcación o sitio en que se encuentra la finca. Si la casa es terrera o alta. El terreno y su medida, y si éstos son de huerta, de pan sembrar o de arboleda. Las rentas que se pagan por casas, por habitaciones y por los terrenos.

En las páginas impares aparece el nombre del cabeza de familia que habita en la casa, seguido del resto de familiares y los individuos que vivan en ella. La edad. El ejercicio o profesión. El estado civil.

Las personas encargadas de confeccionar los datos anotaron reseñas tan curiosas e interesantes que originaron una variada y jugosa información sobre las costumbres, vida cotidiana, etc. Como ejemplo citaremos: "Su marido se encuentra ausente en Indias"; "Pobre de solemnidad"; "infeliz", adjetivo que le pusieron a una viuda.

Las 343 páginas que conforman el Padrón Municipal de 1818, se completa con unos índices onomásticos que presentan una relación alfabética de las 6.000 personas empadronadas en la capital con su nombre, domicilio, profesión, riqueza industrial, comercial y territorial, sus utilidades netas y cupo a pagar.

Además de reflejar las vivencias de nuestros antepasados, este Padrón nos permite entender mejor como era a principios del siglo XIX la realidad urbana de la entonces Villa y Puerto de Santa Cruz de Santiago de Tenerife.

También nos permite realizar investigaciones relacionadas con la estructura demográfica y socio profesional de la población, urbanismo, estructura de las élites urbanas, valor de la propiedad inmobiliaria.

Bajo el epígrafe Ejercicio, en el censo aparece también la profesión de cada uno de los ciudadanos del municipio; es decir: barberos, borriquero, carbonero, carpinteros, herreros, jornalero, labrador, latoneros, pedreros, pescador, sastres, toneleros, zapateros, etc. Pero, también aparecen empadronados, como si de un oficio se tratase, los mendigos, los pobres, las rameras, los esclavos, etc.

Todos estos datos fueron muy importantes a la hora de alcanzar la hegemonía política, social y económica del Archipiélago y lograr que fuésemos nombrados Capital de las Islas Canarias, el 27 de enero de 1822.

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