12 de enero de 2018
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La música de las redes sociales

12.01.2018 | 01:12
La música de las redes sociales

Por supuesto que la mayoría de los militantes de IU -y de sus cargos públicos- no quisieran ver gente fusilada. La gran mayoría. Bien, casi nadie. Ayer, el alcalde del pueblo sevillano de Pedrera, el señor Antonio Nogales, militante de IU que a la vez es diputado provincial, espetó en una asamblea vecinal que sí, que a él le gustaría ver gente fusilada. Su intranquilizadora intervención fue grabada en video y difundida automáticamente por las redes sociales. La oposición socialista criticó duramente al alcalde, que, por supuesto, no se disculpó, aunque deslizó una explicación. Me pareció realmente interesante. Nogales vino a decir que si soltó semejante burrada fue porque la asamblea vecinal estaba muy tensa. Algunos de sus conciudadanos expresaron su odio sarraceno hacia tal o cual colectivos y fue entonces, solamente entonces, cuando el alcalde, para mostrar su comprensión, les comunicó, poco más o menos, que él también es de carne y hueso, y que como todo hijo de mujer, le apetecía en ocasiones disfrutar de alguien debidamente balaseado. ¿Se entiende o no? Nogales califica la denuncia del PSOE como una "bajeza moral", porque él se limitó a mostrar empatía homicida con los vecinos más encolerizados.

Si alguna vez los partidos políticos ejercieron el papel de prescriptores en el espacio público ya no es así. Los partidos están bajo sospecha y es dudoso que dejen de estarlo nunca más. Un partido es un producto comercial, una marca publicitaria, un estilo retórico conceptualizado. Coca Cola marca tendencia en el consumo de gaseosa, pero no es una fuente de autoridad moral. Tampoco lo son ya el liberalismo ni la socialdemocracia. Cuando el producto va bien las líneas fundamentales del mismo se mantienen -es el caso de Ciudadanos- y cuando va mal incluso puede cambiar de nombre -a propósito de lo cual están reflexionado en Podemos el gurú Iglesias y sus devotos-. La razón deliberativa y demás zarandajas habermasianas representan ya pura arqueología. Uno vota a uno u a otro partido por razones del mismo peso intelectual que las opciones sobre los equipos de fútbol. Las simpatías se basan en argumentos negativos: apoyo a Podemos porque no es el PSOE o a Ciudadanos porque no es el PP. Nunca como hoy ha sido tan fuerte la exigencia feroz de tener razón y de admitir únicamente los análisis y propuestas que confirman mis prejuicios, mis intuciones, mis anhelos de destrucción o mis miedos más cerriles.

Quien manda hoy prescriptivamente son las redes sociales que dictan sentencia en minutos cabalgando sobre una virilización relampagueante. Es una sentencia de aliento emocional que carece de discurso, pruebas, realidades contrafácticas. Una sentencia que destruye prestigios, tranquilidades, decencias o insignificancias sin pestañear porque twitter es un agujero negro que absorbe cualquier luz sobre cualquier asunto. La política se ha degradado aun más y cualquiera de sus estrategias pasa por adaptarse fulminante y hábilmente a las pulsiones emocionales de las redes y en utilizarlas en el beneficio particular. No, no se trata de comunicar convicciones y propuestas, sino de aprender a bailar la música de las emociones Batuecas y bronquistas cristalizadas en millones de tuits. Sobre la cabeza, las vísceras y la honorabilidad de quien sea. Peor que desear fusilamientos es afirmar que también sueñas con fusilamientos para controlar una asamblea vecinal, sumar votos o retener o alcanzar una alcaldía.

www.alfonsogonzalezjerez.com

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