10 de enero de 2018
10.01.2018

La lección de Victoriano Ríos

10.01.2018 | 00:46
La lección de Victoriano Ríos

Si hubo algo que Victoriano Ríos se planteó con claridad en su militancia política fue que la casa del nacionalismo canario había que empezarla por sus cimientos y no desde los apriorismos ideológicos. Sus pasos por el Partido Popular Canario en los años setenta y por el Partido Nacionalista Canario no lo convencieron de que ese fuera el camino a seguir para la construcción nacional canaria. En el Congreso de la refundación del PNC, celebrado en mayo-junio de 1982 en Bajamar, se inhibió ante lo que suponía un exceso teórico en detrimento de unos cauces más realistas para la consecución de una auténtica conexión y sana complicidad con nuestra ciudadanía.

Luego vino su entrada en ATI y su liderazgo al frente de las federaciones FRAIC y AIC, el proyecto nacionalista desde la isla hacia la nación. Hasta desembocar, en la primavera de 1993, en la fundación de Coalición Canaria, donde de nuevo se reencuentra con sus ex compañeros del PNC, Bernardo Cabrera, Juan Pedro Dávila y José Diego Díaz-Llanos, preferentemente.

No obstante sus distintas ubicaciones dentro de los movimientos nacionalistas, siempre mantuvo una actitud y una aptitud de diálogo con todas las facciones que se movían en ese espectro político. Fue un hombre conciliador, con el objetivo irrenunciable de que fortalecer una opción política no dependiente de estructuras orgánicas peninsulares era algo que nos unía a todos. Buscaba siempre las coincidencias y postergaba las diferencias, cosa que no comprendieron algunos de sus adversarios. Esa fue la lección que nos dejó a todos nosotros, la de la unidad nacionalista, una unidad que sí aprendió en los principios de su antiguo PNC y que siguió enarbolando allí donde prestó sus servicios.

Puso las bases ideológicas nacionalistas en los distintos congresos de ATI y de AIC y se vio recompensado de toda esa labor cuando distintas organizaciones políticas desembocaron en Coalición Canaria.

Para saber cuáles eran sus preocupaciones ideológicas fundamentales tendremos que acudir a los libros que nos legó, y, entre ellos, destacaría Canarias decide (2010), en cuyas páginas se detallan momentos muy significativos, desde 1975 hasta 1987, de la historia del nacionalismo más reciente, del que, por supuesto, no se puede ignorar el concurso personal de Victoriano.

Su caballo de batalla en su etapa senatorial fue el reconocimiento del mar interinsular de Canarias y a ello dedicó las 402 páginas de su otra entrega bibliográfica: ¿Islas o Archipiélago? (2005). Afortunadamente, en el Estatuto de Autonomía hoy en proceso de reforma en las Cortes Generales, esa preocupación será contemplada si hay consenso y el texto enviado desde Canarias es aprobado por las cámaras estatales.

Muere un tipo con carácter que supo señalarnos el camino de un nacionalismo consecuente con los tiempos. Y yo le envío desde aquí un fraternal abrazo de compatriota. Al igual que lo hago extensivo a su fiel esposa, Carmen, y a todos sus hijos, en especial a Fernando, con el que he librado algunas batallas, siempre pacíficas, si se me permite el oxímoron, a favor del entendimiento nacionalista.

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