18 de junio de 2015
18.06.2015
In memoriam

Capitán General Francisco García-Escamez e Iniesta

18.06.2015 | 02:03

Nació en Cádiz el 1 de marzo de 1893 y falleció en Santa Cruz de Santiago de Tenerife el 12 de junio de 1951, con 58 años, constituyendo en su día una impresionante manifestación de duelo en la población tinerfeña. Está enterrado en la Parroquia de San Fernando en la barriada García-Escámez. El pasado 12 de junio se cumplió por tanto el 64 aniversario de su fallecimiento. Para mí, la personalidad en todos los ámbitos, a quien más le deben las Islas, y por supuesto Tenerife, donde volcó todos sus afanes e inquietudes. Es difícil encontrar en la historia un personaje que haya gozado de mayor prestigio y afecto en el ejercicio de sus funciones, Medalla de Oro de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife e Hijo Adoptivo de Las Palmas de Gran Canaria. No era un hombre de promesas sino de realidades, hombre bueno, de naturaleza sencilla y afable, justo en sus decisiones y comprensivo, armonizó el ejercicio supremo del mando, el máximo y total en el Archipiélago en aquella difícil época, con una gran ponderación, que despertaba gran admiración. Era un correcto y distinguido caballero, que se compenetró perfectamente con nuestra idiosincrasia, y desarrolló una gran labor social, económica y cultural en la Islas durante su mandato. Como militar fue un héroe de la guerra de África donde logró la más alta condecoración española, la Laureada de San Fernando. Aparte obtuvo más de 40 condecoraciones y gran número de felicitaciones. El Gobierno le concedió en 1952 el título de Marqués de Somosierra, por los méritos no solo militares, sino por los de la paz que obtuvo, titulo póstumo que él no pudo utilizar.

En aquella época de la década de los 40, terminada la guerra civil en 1939 con importantes y duras secuelas para toda la Nación, agravada en Canarias por su lejanía y aislamiento, consecuencia de la II Guerra Mundial, y la neutralidad de España, el Gobierno consideró necesario reunir en un solo mando, el Capitán General de Canarias, no solo el mando de los tres ejércitos, tierra, mar y aire, sino la dirección de la economía, creando el Mando Económico en agosto de 1941, que se regía por un régimen excepcional, procurando respetar la legislación general del Estado, pero buscando la mejor adaptación a las necesidades de las Islas. Su primer mando fue el general Serrador hasta 1943, siendo sustituido por el general García-Escamez hasta febrero de 1946. Los principales problemas de aquellos años fueron el paro, la escasez de suministros de todo tipo, e importantes problemas económicos y financieros.

Para solucionar todos estos problemas, sobre todo el paro, la dificultad de autoabastecimiento y toda clase de suministros, se reanimó la construcción, para ello se construyeron viviendas sociales y barriadas obreras (Somosierra, García-Escamez€), con sus mercados, escuelas e iglesias. Se construyó una gran diversidad de obras públicas; se preocupó de la política de abastecimientos (llegando a detener un barco procedente de América y desembarcar trigo); como la franquicia de los puertos no era posible por el aislamiento, se facilitó el "cambuyón" con los barcos que atracaban; se controló el alza de los precios, estimulando la competencia comercial y dando toda clase de facilidades; se estimuló el cultivo de papas, reglamentando la distribución de abonos y requisando aguas para el riego. Se realizaron consorcios de almacenistas para realizar todos los avituallamientos y el cumplimiento de lo ordenado. Se logró un cupo de los escasos tejidos nacionales, al no poder comprarlos en el extranjero. Se organizaron secciones de camiones para evitar el problema de transportes de abastecimiento a los pueblos y de los frutos al muelle para exportarlos. Creó una Comisión para regular la industria del tabaco. Se facilitó la continuidad de la industria jabonera y de conservas de pescado. Constituyó un Fondo de Obras Sociales para realizar obras que mitigaran el paro. Se promocionó el turismo (Hoteles Taoro, Mencey, Santa Catalina€). Pero la ingratitud de los pueblos es enorme, no solo no se le recuerda en sus fechas importantes, sino que se borran las huellas de lo que hizo, quitando su nombre a muchas de ellas. Descanse en paz.

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