06 de noviembre de 2014
06.11.2014
Tribuna abierta

Hojas de Vega

06.11.2014 | 02:00

D ivisa de las hojas (2014), por el momento última novela de Maite de Vega, nos presenta a un joven llamado Rafael que, situado en Tenerife a mitad del siglo pasado, duda si quedarse en la isla y estudiar una carrera universitaria o regresar a La Gomera y dedicarse a la agricultura. Mientras duda, Rafael pasea por el parque o por el Llano de los Viejos en los difíciles años cuarenta acompañado de su amigo Jesús, o se encuentra con Horacio Enríquez, un erudito local de formación autodidacta que se obsesiona con que el muchacho indague en su pasado y conozca sus raíces inglesas, salidas del puerto de Liverpool cien años atrás.

Las hojas que aparecen en el título de la novela parecen aludir al árbol genealógico de la familia, dividido entre varias islas: Tenerife, La Gomera, La Palma, Cuba y el Reino Unido del siglo XIX, como si el océano fuese una bóveda llena de hojas de tierra gigantescas. Divisa de las hojas es un libro que se sitúa en un pasado inmediato, pero que va aún más atrás: a un origen desconocido y dudoso que pueda explicar y hacer nítido el presente, y con él la historia de la modernidad en Canarias y el proceso de comercialización de frutas que se producen en las islas para luego ser exportadas. Es la estirpe de Rafael la del escándalo, la de un hijo no deseado que se entrega en Tenerife a una familia de Taganana; un niño que muy pronto se enriquece con el negocio de la cochinilla e ignora su pasado inventándose a sí mismo, su propio tiempo en un horizonte nuevo lleno de nuevas posibilidades. En estas palabras que Jesús le dice a Rafael veo la clave de una interpretación metafórica o simbólica de la novela a través de las hojas y los misterios del bosque: "Hay en ti una independencia como la hay en las hojas. Se saben de todos, huéspedes primeros de la tierra, que conocen que caerán. Esto último lo saben como nosotros. Y que será acogida por la tierra un instante o unos días, porque otro invitado, el viento, las paseará o arrastrará lejos, para que acaricien y saboreen el suelo más allá de su árbol nativo. Y como tienen conciencia de ello, no se aferran a nada. Prácticamente, no les importa nada" (pág, 73). Homero lo cantó hace casi tres mil años: "Cual la generación de las hojas, así la de los hombres".

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook