02 de enero de 2014
02.01.2014
tribuna abierta

Una noche 'Entre amigos' en homenaje a Luisa Machado y Alberto Méndez

02.01.2014 | 02:00

Dicen que los homenajes han de hacerse en vida porque la eternidad no sabemos si se entera. Tal vez por eso anoche estaba abarrotado el Teatro Leal de La Laguna ante el merecido reconocimiento a la trayectoria musical de Luisa Machado y Alberto Méndez. No sé si estaban todos, pero los que estaban –y eran muchos– fueron una extraordinaria representación de la calidad de los intérpretes canarios. Todos los instrumentos, todas las voces se dieron cita para acompañar a la extraordinaria voz de Luisa Machado que cada día alcanza más y mejores registros, y a la maestría instrumental de Alberto Méndez. Felicitarles es poco, pero no se me ocurre otra cosa.

Faltó alguien y no me quiero olvidar. En un lugar discreto del escenario estaba José Pedro Pérez, el magnífico percusionista que hizo inesperadamente la maleta ante el asombro de todos. Lo acompañaron con una canción que sin saber por qué tenía el sabor amargo de una lágrima.

Es curioso, pero creo que a los que pretendían homenajear a Luisa y Alberto el acto se les fue de la mano. Me explico. Pese a la joven madurez de la pareja, entendida en sentido amplio, no contaban con que en aquel acto estábamos todos los que hemos seguido la trayectoria musical de la isla los últimos treinta años, y tal vez sin darse cuenta, nos pusieron frente a nuestra propia historia personal. Todo estaba en aquel escenario que durante más de tres horas nos enseñó lo que fuimos, lo que ahora somos. Seguro que Fabiola Socas y Carmen Pérez, dirección y producción del acto, nunca imaginaron tamaño altavoz. Pero lo hicieron y no tengo más remedio que agradecerles ese regalo inesperado y magnífico.

Qué difícil hablar de tanta gente, tantos nombres, tantas voluntades las que se aunaron para que Luisa y Alberto vivieran seguramente una de las noches más felices de sus vidas. Me alegro muchísimo.

Pese a la imposibilidad de hacerlo porque rebasa los límites de estas palabras, no puedo dejar de citar el momento más emotivo y conmovedor de la noche. Estaban en el escenario María Mérida y Olga Ramos, dos extraordinarias damas de la canción canaria. María Mérida, la de la voz profunda, cálida y transparente, pese a estar dolorida, se alzó con un soberbio recitado que conmovió los cimientos del Teatro Leal. El público en pie profundamente conmovido como si supiera las palabras que ella nunca pronunció, rompió a aplaudir como solo se hace en los momentos solemnes.

Gracias María; qué suerte recibir esa lección de coraje y dignidad que como el drago forma parte de la raíz de esta tierra.
No me olvido de Olga Ramos, bella y elegante como siempre, que ha conseguido hacerle una zancadilla el tiempo conservando su voz envuelta en el celofán de la memoria colectiva, madre de todos los que crecimos con su preciosa nana.

Tampoco esperaba aquella canción infantil que me hizo ruborizar porque no era un acto para niños. Es probable que en forma de ectoplasma nos acompañara el pequeño ser que fuimos hace ya tanto tiempo.

Acabar con el ancestral sonido de chácaras y tambores fue una alegría doble. Gracias.

Termino sin poner todos los nombres que aparecen en el magnífico programa, pero felicitando a todos los que hicieron realidad un acto tan hermoso porque, como dicen algunos, los homenajes han de hacerse en vida porque la eternidad no sabemos si se entera.

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