01 de julio de 2013
01.07.2013
tribuna abierta

Los maestros

30.06.2013 | 23:12

Mi hija Komal, cada día al levantarse y poner los pies en el suelo, medio adormecida me dice: "¡Mama ya falta un día menos!". El primer día, me sorprendió y no sabía de qué me hablaba, pero ahora que llevo escuchando la misma cantinela día tras día, me la miro riendo. Sí, la cuenta atrás del fin de curso se había puesto en marcha con una velocidad extrema. Esto me recuerda, que un año más, como todos los padres, ya puedo empezar a romperse la cabeza inventando mil y una actividades para tenerla entretenida durante los meses veraniegos. Llega ese momento del año, en que todos los padres ponemos en práctica, más que nunca, el don de la omnipresencia para poder conciliar el trabajo con la vida familiar y salir bien airosos. A esto se le deben añadir los malabarismos que habrá que hacer para equilibrar los gastos familiares con los extras de colonias y esplais, y no morir en el intento.
Se ha terminado un curso con los objetivos cumplidos con un nivel más o menos alto de satisfacción. Y si miramos el año que hemos pasado, las vivencias que hemos tenido, sufrido y disfrutado, acompañando el aprendizaje y el crecimiento de nuestros hijos, ha sido muy, muy intenso. Pero la suma de todos ellos confluyen en una figura clave: los maestros. Este año, ha sido para ellos un año difícil por no decir imposible de superar a todos los niveles. Hemos oído hablar de mil y una reformas sin pensar que tanto los maestros como los alumnos (nuestros hijos) son un material sumamente sensible, que no pueden estar a merced de unos cambios que hacen temblar los cimientos de uno de los pilares más importantes de nuestra sociedad, como es la educación. Las políticas que nos vienen impuestas parecen hechas, como si en un abrir y cerrar de ojos, pudiéramos borrar todo el bagaje de iniciativas y experiencias pioneras que han marcado el mundo de la educación. Cruzo los dedos esperando y deseando que lleguen mejores tiempos.
Hoy, mientras cenábamos, nuestra hija, que no calla nunca, se ha explicado así: "Sabes, sin querer le he dicho muchas veces a la maestra, ´mamá´, porque ella ha sido como una madre para mí". Sí, por suerte la figura de los maestros en la vida de nuestros hijos no ha quedado dañada, convirtiéndose en una extensión de la nuestra. Es maravilloso que nuestros hijos admiren y amen a sus maestros, como en el pasado hicimos cada uno nosotros. Y es bueno que vean en ellos un modelo a imitar y seguir. Gracias a ellos y ellas, a su dedicación y entrega, nuestros hijos van adentrándose en el descubrimiento de ellos mismos, sus capacidades y el mundo que los rodea. La escuela y la familia nos necesitamos mutuamente para prepararlos para el futuro.
Escuchándola, sentía una gran emoción por dentro y me venían a la cabeza, los recuerdos de mis años de maestra. Recuerdo, que cuando llegaban estas fechas, el estómago se me encogía. Por una parte, estaba agotada por el esprín hecho para llegar a la fecha, con las lecciones aprendidas, pero también estaba triste porque debía desprenderme de unos niños que durante muchos meses se habían convertido en el centro de mi vida.
Estaba impregnada de ellos, de sus olores, de sus risas contagiosas. En realidad, el trabajo de maestro no terminaba una vez traspasadas las puertas de la escuela, sino que lo vivías en cada minuto del día. Llevabas a casa la desazón y las preocupaciones de los alumnos, y sus alegrías, viendo su evolución. Te llevabas a casa, las montañas de libretas y exámenes para corregir. Y a la hora de evaluarlos, te ponías en su piel para intentar captar el progreso de cada uno de ellos, teniendo en cuenta su entorno y sus circunstancias personales y familiares. Y también te rompías la cabeza, buscando nuevas fórmulas para cautivarlos y seducirlos por el saber, y no caer en la rutina.
Yo descubrí mi vocación, reflejándome en los maestros que tenía. Quería llegar a ser como ellos algún día: personas que te acompañan en el largo camino de hacerse uno mayor. Siempre estaban allí por si los necesitabas. Te ayudaban, te animaban y si era necesario te daban un empujón definitivo para seguir adelante.
Con los años, me he ido encontrando los que fueron mis alumnos. Es bonito ver cómo cada uno ha seguido su camino, convirtiéndose en ingenieros... Me los miro reconfortada. En parte, en sus futuros, yo he jugado un pequeño papel.
No hace tantos años, nuestros padres nos contaban como los maestros, junto con los médicos y los curas, eran toda una institución en nuestra sociedad. Y si echamos un vistazo a otras culturas, aun actualmente el papel del maestro tiene un valor muy grande. Quizá deberíamos volver atrás, sobre los pasos dados en nombre de la modernidad, para recuperar buenos sentimientos y valores, y devolver a los maestros ese lugar que sólo ellos pueden y saben ocupar. Gracias un años más.

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