07 de enero de 2013
07.01.2013
Tribuna abierta

La falacia de los nacionalismos

07.01.2013 | 03:00

Los escritores y políticos republicanos canarios tenían del Estado una concepción federal, sin duda la más brillante de la historia contemporánea de Canarias, que asumimos muchos universitarios de mi generación gracias al magisterio del profesor Gumersindo Trujillo sobre el federalismo español, como la mejor forma de descentralización política del Estado Democrático, de la que fueron principales exponentes, junto con su fundador, el socialista catalán don Francisco Pi y Margal, don Nicolás Estévanez y don José Franchy y Roca, las figuras más señeras del republicanismo federal canario, que defendió don Benito Pérez Galdós, presidente de la Conjunción republicano socialista de principios del siglo XX (1907 a 1913). Desde hace más de cuarenta años llevo estudiando el nacionalismo y relacionándome personalmente con muchos nacionalistas vascos, catalanes y canarios, entre los que he hecho grandes amigos, de cuya honestidad personal e intelectual no tengo ninguna duda. Confieso, sinceramente, que cuanto más he profundizado en el estudio del nacionalismo y cultivado la amistad con los nacionalistas, menos entiendo y comprendo el nacionalismo, seguramente por mis carencias intelectuales. Me he resignado a que en mi tumba puedan esculpir la siguiente frase: "se murió sin saber ni entender lo que era el nacionalismo".
El nacionalismo, y desde luego, el grotesco soberanismo africanista de Antonio Cubillo, carecen completamente de tradición histórica en nuestras islas, a excepción de Secundino Delgado (1871-1912), padre del nacionalismo canario, que, seducido por la emancipación de Cuba, desarrolló una actividad independentista de poca consistencia y elaboración teórica, de cierto confucionismo ideológico, de carácter minoritario, y de incidencia política sólo en pocas islas, como ha puesto de manifiesto el profesor Bravo de Laguna.
Albert Einstein dijo que "el nacionalismo es una enfermedad infantil, el sarampión de la humanidad". La crítica más fehaciente que recibió Toynbee, considerado como uno de los más importantes filósofos de la historia, no sólo durante su vida sino también en la posteridad de su obra, es el haber hecho del nacionalismo uno de los mayores enemigos de cualquier civilización de la Historia. Para Toynbee, el nacionalismo, es "el agrio fermento del vino nuevo de la democracia en los odres viejos del tribalismo". El nacionalismo es como un avión, si se para en su permanente reivindicación insaciable, se cae. Menos entiendo el llamado nacionalismo de izquierdas, en el que militan amigos entrañables con los que tengo en común el cristianismo progresista –que es incompatible con el socialismo, como ha destacado certeramente Alfonso Guerra, aunque no parece que lo entienda un sector de los socialistas catalanes, que deben ser expulsados del PSOE–, y "un invento de la burguesía para dividir al proletariado", como dijo Karl Marx, lo que se demuestra con el reciente pacto Ezquerra- Convergencia en Cataluña.
Tiene fundamento la tesis de que el nacionalismo es una extraña forma de unir democracia con tribalismo que, como el dios Jano, tiene dos caras: una fuerza integradora y unificadora, hacia dentro, en la tribu, que es el amor a la tierra, la patria y su cultura; y una fuerza separadora, hacia fuera, que es la exclusión de lo foráneo. En una reunión que mantuve como Fiscal General del Estado, en Ajurianea, con el presidente Ardanza y con Atuxa, Consejero de Interior, con los que siempre tuve una excelente relación, les confesé, sin reservas, mi incredulidad de que ETA –que mantengo a pesar del abandono de las armas sin su entrega–, dejara algún día la violencia definitivamente. No nos engañemos. En un artículo publicado hace tiempo por Mikel Azurmendi, profesor titular de Antropología Social de la Universidad del País Vasco, en la revista Claves Nº 70 (págs. 36 y sts.), hizo un análisis riguroso del problema terrorista en el que llegó, entre otras, a la siguiente conclusión: "Y si es correcto mi diagnóstico, como es de esa cultura de la que ETA se alimenta, y es esa la cultura a quien su terror alimenta, es menester comprender que hay ETA para rato, pues está en la construcción cultural vasca que, vascos, para serlo, precisen de enemigo".
Comparto la tesis de don José Ortega y Gasset expuesta en su discurso sobre el Estatuto de Cataluña en la sesión de las Cortes de 23 de mayo de 1932: "El problema catalán es un problema que no puede resolverse. Ha existido antes de la unidad peninsular, y seguirá siendo mientras España subsista, por lo que sólo puede conllevarse. No presentéis vuestro afán en términos de soberanía, sino de autonomía, porque entonces no nos entenderemos". Creo también, con Ortega, que "un Estado en decadencia fomenta los nacionalismos, y que un Estado en buena ventura los desnutre y reabsorbe", y que "el nacionalismo es el hambre de poder templada por el autoengaño". Todo nacionalismo es genéticamente excluyente e insolidario, por mucho que los nacionalistas pongan su buena voluntad en ser incluyentes y solidarios. Los nacionalistas vizcaínos y catalanes nunca serán solidarios con Canarias. Una España y una Europa de nacionalismos concurrentes es absolutamente inviable. Una Europa de cien banderas degeneraría en cien banderías. A mis amigos nacionalistas catalanes les he dicho con ironía que nunca entrarán, aunque puedan, en la tierra que nadie les ha prometido, sencillamente, porque no le es rentable.
Mucho más excluyentes e insolidarios que los nacionalismos periféricos separatistas, son los nacionalismos estatales separadores. Estos, unos han sido fascistas, como el franquismo y el nacional-socialismo alemán, que provocó la guerra más sangrienta que ha padecido la humanidad. Otros, son demócratas, como la también Alemania nacionalista que lidera la señora Merkel, que no ha sabido olvidar nada ni aprender nada, al empeñarse en establecer una Europa Alemana, en lugar de una Alemania Europea, como defiende Felipe González, que lidere la constitución de los Estados Unidos Europeos, sin la cual la Unión Europea, sólo monetaria pero no política ni económica, está destinada al fracaso, como está evidenciando la grave crisis económica que padece. Los secesionistas catalanes han afirmado que Aznar, y ahora Rajoy, son quienes más independentistas han creado con su intransigencia, olvidando que también ha generado independentistas Zapatero con su insensatez, al afirmar que apoyaría el Estatuto en la forma que viniera de Cataluña.
Comparto plenamente lo que ha escrito Alfonso Guerra en sus Memorias Cuando el tiempo nos alcanza: "daría media vida por proteger el derecho que tienen los nacionalistas a defender sus ideales, pero me reservo la otra media para poder combatirlos democráticamente".

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