29 de mayo de 2012
29.05.2012
el desliz

Bodas de oro y de bronce

29.05.2012 | 04:00

Hay quien se molesta por el debate sucesorio. El de la jefatura del Estado, que a Mariano Rajoy no le arrienda nadie la ganancia. Algunos creen que con las cosas de comer tan revueltas es poco conveniente conversar sobre la posibilidad de una abdicación de don Juan Carlos, por lo visto las primas de riesgo son malas y desconcertantes y además podrían cebarse con el cotilleo. El trono es cada día más ergonómico para adaptarse a las necesidades de su ocupante, y España hace como que no se entera hasta que llega un republicano ingenioso como el gobernador de Florida y nos lo vuelve a recordar todo al emitir un chistecillo sobre la última cacería del monarca. Pero ahí se queda el rey, con cara de penitencia. Que pase el siguiente.
El siguiente es el príncipe de Asturias, quien a la misma hora visita en Málaga con su mujer un programa de empleo propiciado por Cáritas gracias al aporte económico de la herencia que les dejó el millonario Juan Ignacio Balada. Allí observan cómo se forman para acceder a un empleo los jóvenes en situación de riesgo social. Cuando don Felipe toma la palabra, recuerda que ese día es el de su octavo aniversario de boda, un día muy especial porque Letizia y él asumieron un "compromiso personal e institucional". A eso le llamo yo no dar puntada sin hebra. No hace falta haber estudiado criptografía para hacer una interpretación comparativa de dichas felices bodas de bronce y las de oro de sus padres, que acontecieron la semana pasada sin pena ni gloria, pese a encontrarse en la Zarzuela toda la familia real menos el imputado. Son los príncipes quienes desean evidenciar las diferencias con sus predecesores.
Por lo menos existen dos españoles a quienes no perturba el debate sucesorio, es más lo anhelan y lo alientan. Un asunto que de momento se dirime solo en las revistas del corazón, los programas de sobremesa y las redes sociales, pero que más pronto que tarde tendrá que saltar a los demás ruedos, tan cortesanos que están esperando a que suene el pasodoble de rigor. Los jóvenes llegan con su propio calendario, cambiando algo para que todo siga igual, qué le vamos a hacer.

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