19 de mayo de 2012
19.05.2012
tribuna abierta

Un diccionario enfrentado

19.05.2012 | 03:06

He leído con asombro la noticia: el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia ofrecerá dos biografías de cada personaje polémico para satisfacer el gusto del consumidor. El conocimiento histórico se ve por tanto reducido a un componente ideológico, a una faceta de la contienda política. Lo que es habitual en un régimen totalitario €el falseamiento interesado de los hechos€ resulta incomprensible en una democracia. No hablo, evidentemente, de la pluralidad intelectual, sino de la lógica de la conexión. Pensando en clave catalano/castellana, el crítico literario Jordi Amat ha reflexionado con lucidez sobre la necesidad de poblar los espacios de convergencia, los lugares de encuentro. Esto es algo sobre lo que deberíamos cavilar más a menudo, especialmente en un país como el nuestro, donde los problemas se resuelven a gritos y la demagogia partidista no ha servido sino para enfrentar y desunir. En este sentido, la historia reciente no queda tan lejos del pasado.
La democracia liberal se constituyó como el meeting point de la sociedad. Se trata de un juego de equilibrios en el que la razón debe primar sobre las anteojeras de lo ideológico. Con esto no quiero decir que las diferentes narrativas del país tengan que ser inocuas, ni que haya que ceder al dogmatismo de la corrección política. El punto de encuentro se situaría en el ágora de la inteligencia y el respeto, ahí donde todos pueden estar de acuerdo, sin que sea necesario extremar ningún aspecto de la realidad. En el caso de un diccionario, fruto del trabajo de una Real Academia, parece que este mínimo común habría de ser la consecuencia natural de su misión: constatar lo documentado, depurar lo ideológico, acotar lo polémico situándolo entre paréntesis. Pienso, por ejemplo, en la labor magistral del biblista norteamericano John P. Meier, quien ha escrito la mejor biografía del Jesús histórico € Un judío marginal se titula€, bajo la premisa de ser aceptable para un católico, un protestante, un judío y un agnóstico. De nuevo volvemos a la lógica de la conexión, que es la base de la coherencia democrática.
Un doble diccionario biográfico nos habla del antagonismo que se esconde bajo el discurrir cotidiano de nuestro país: la derecha contra la izquierda, los privilegiados contra los excluidos, la nación única contra la plural, el centralismo contra las taifas. La historia se desvirtúa convertida así en el núcleo de una guerra de legitimidades. Pienso ahora en los filósofos del Holocausto que han reflexionado sobre el papel de la memoria en la recuperación de la justicia. Se trata, en todo caso, de una forma particular del recuerdo que no busca la revancha ni se asienta en el enfrentamiento. Al contrario, pretende debilitar la propia identidad en lo que tiene de mítica e irreal €aprender a reconocer, por ejemplo, que también nosotros somos responsables del mal y que ningún pasado es impoluto€. Desconozco si el Diccionario Biográfico de la RAH apunta en esta dirección, pero no lo creo. El pasado continúa siendo el solar de un campo de batalla, oculto tras la falsa pluralidad del presente. Un debate imposible, precisamente, porque ambas partes adolecen de sordera.

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