15 de mayo de 2012
15.05.2012
cien líneas

Alquimias

15.05.2012 | 04:00

El tinglado de aquellas cajas de ahorros se derrumba a ojos vista, mejorando lo presente, claro. El hundimiento empezó en Castilla-La Mancha, siguió por el Mediterráneo y entre otros desastres que se salvaron –aparentemente: la trampa rescampla antes o después– gracias a ingentes ayudas públicas ahora cursa según una firma que ya no es caja de ahorros y que se denomina Banco Financiero y de Ahorro, que es nada menos que la cuarta entidad financiera de España, aunque no creo que ni el uno por ciento de los ciudadanos de este país sepa de qué se trata.
Si decimos Bankia, la cosa cambia y si se cita a Caja Madrid o Bancaja también se sabe del referente, pero el secretismo camelístico del proceso refundador que en un parpadeo transformó –¡y cómo!– más de la mitad del sistema financiero español y se llevó por delante ciento cincuenta años de historia ha sido tremendo.
El Ibex, por el precipicio, la prima de riesgo, por las nubes, y más dinero para solucionar un desastre absoluto, y mira que ZP presumía, ya con la crisis económica lanzada, de tener los mejores bancos del mundo.
No digo que sean los peores, pero tal y como están las cosas dan verdadera pena o, mejor, damos pena los que tenemos que pagar errores ajenos mientras los malos gestores abandonan sus poltronas con indemnizaciones multimillonarias. No es demagogia, es exactamente así.
Vuelta a la banca pública que siempre soñaron falangistas y comunistas, y aun nos extrañamos de que en Grecia la gente acabe de votar lo que todos sabemos.
Nadie se planteó en su momento lo elemental: que quiebre quien tenga que quebrar y a la cárcel los culpables.
Una doble medida según la receta liberal que en el país de los monopolios, los apaños, las trampas y las mentiras no se aplica ni por asomo.
El daño está hecho y no hay marcha atrás. Ni propósito de la enmienda, así que en cuanto esto repunte se repetirá.

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