10 de mayo de 2012
10.05.2012
al azar

Los gobernantes sólo ven películas de Walt Disney

10.05.2012 | 04:20

Uno de los fenómenos más inexplicables de la ubicua actualidad es la flagrante infrarrepresentación de los menores de ocho años, en las manifestaciones contra el Gobierno. Antes de acusarles de indiferencia respecto de la política, o de avizorar solapados mecanismos de represión de sus derechos básicos, nos centraremos en el argumento esencial. Los niños no protestan porque los gobernantes les dan todo lo que quieren. Habrá que demostrarlo. Jamás me detengo en las entrevistas a líderes políticos, porque ya leí una. Sin embargo, escruto a conciencia el perfil personal, allí donde se declaran extraordinariamente felices junto a parejas de las que se divorciarán en breve. Por no hablar de las aficiones que recitan de corrido, "la lectura y el cine". El problema surge cuando les invitan a detallar. Sólo ven películas infantiles, con mención especial a Walt Disney. Verbigracia, la entrevista en la revista Tiempo a Fátima Báñez, donde la ministra de Trabajo confiesa que "tiene pendiente ver The artist, y que sobre todo ve mucho cine infantil los domingos por la tarde". Debe ayudarle a dialogar con los sindicatos. Su declaración debería tranquilizarnos, pero su dieta cultural nos infunde pavor. Yolanda Barcina, presidenta de Navarra y farmacéutica, "confiesa que las únicas películas que ha visto últimamente son las de Walt Disney". Descorazonador, pero agravado por Luis Fernández cuando presidía RTVE. "Afirma que su cargo le impide ir al cine". Equivale a que el director de la Biblioteca Nacional reconociera que su cargo le impide coger un libro. No recuerdo ni una sola palabra pronunciada por la diputada y exministra Celia Villalobos en su entrevista más reciente, pero jamás se me olvidará que "ve Sálvame porque le relaja". Alabemos su sinceridad, pese a la reivindicación del único producto audiovisual que empeora a Walt Disney. A modo de compensación, David Cameron está fascinado por Mira quién baila, lo cual no ha impedido que padezca unos índices de aceptación irrisorios. Cuesta encontrar una diferencia entre quien no sabe leer y quien no lee, pero el escándalo no consiste tanto en la consagración de tiempo de calidad –quality time – a los retoños, como en la urgencia por blindarse detrás de ellos para justificar la desidia cultural propia. Vaçlav Hável denunció valerosamente a quienes se parapetaban en su descendencia para no atacar al régimen comunista, y todo puede empeorar. Ya sólo queda resolver el enigma persistente de votantes que eligen a líderes con ocho años de edad intelectual.

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