04 de mayo de 2012
04.05.2012
40 Años
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al azar

Murdoch hace el amor como un erizo

04.05.2012 | 04:00

La prensa escrita no sobrevivirá sin Rupert Murdoch, pero tampoco está garantizado que sobreviva al editor australoanglonorteamericano. Marcado para siempre por las escuchas que le obligaron a cerrar el semanario News of the World, el veredicto parlamentario de ceguera voluntaria o entusiasta no sólo daña su gestión al frente de News International. Supone además una afrenta a la resistencia a envejecer, de un octogenario que se jactaba de correr una milla en siete minutos. En una de las cuatro investigaciones superpuestas a raíz de la manipulación del contestador automático de una niña asesinada, Murdoch ha sido tachado de "persona inadecuada" para dirigir su imperio mediático. Se recurre de nuevo a la humillación corporal, más dolorosa para el editor que la descalificación en sí. La agresión de un asistente a su interrogatorio no era lo peor que podía sucederle a su físico. Para Murdoch, no hay mejor defensa que una ofensa. Sin embargo, esta vez no podrá satirizar a la comisión parlamentaria desde las páginas del News of the World, como hizo con delectación en el primer embate. El gladiador por encima de la ley buscó la protección de los poderosos sin entregarse nunca de un modo absoluto. Apoyó a Bush en Irak desde la Fox, que también es la cadena propietaria de Los Simpson. En una de las investigaciones abiertas en su contra, Murdoch describió su agridulce relación con el poder. El nuevo laborismo no accedió al gobierno hasta que logró el apoyo de la artillería de The Sun, ante las elecciones de 1997. En aquellos momentos, el editor le indicó a Tony Blair que "si nuestro romance se consuma, sospecho que acabaremos haciendo el amor como erizos, con mucho cuidado". Murdoch ha transformado la cadena de interrogatorios a que se ve sometido en un manifiesto de su amor por el papel. Ha recordado que mantiene y compra periódicos contra la voluntad de los accionistas de su empresa. Enfrentado a políticos profesionales que alardeaban de su representatividad popular, les refregó por la cara que él se somete al plebiscito cotidiano de los quioscos, donde se expresan votantes que pagan por emitir su sufragio. El veredicto de los Comunes se compone de una censura radical de Murdoch, atemperada por una declaración genérica de incapacidad. Con la edad como referente, le sugieren abiertamente la jubilación. En la contemplación de las barbas del vecino, el criterio de la "ceguera voluntaria" descartaría masivamente a los presidentes españoles de bancos, constructoras y otros señores del ladrillo.No se precisa una comisión de investigación para concretar que "su gobernanza" adolece de la misma falta de escrúpulos que caracteriza al dueño del Times londinense. Aunque el significado del veredicto no admite dudas, su literalidad obliga a plantear si los grandes visionarios no pertenecen genéricamente al colectivo de personas que, desde la sensatez, serían catalogadas como "ciegos voluntarios". Hay que negarse a la ética para espiar indiscriminadamente las conversaciones telefónicas, pero también se precisan ingredientes de locura para comprar el Wall Street Journal en medio de la crisis. Y frente a los agoreros, el diario económico ha mejorado. En cuanto a la aplicación de métodos éticamente dudosos, la última investigación del Sunday Times de Murdoch ha demostrado, con el recurso de periodistas con identidades falsas, que los conservadores cobran por el acceso prevaricador a David Cameron.

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