21 de marzo de 2011
21.03.2011
tribuna abierta

La insaciable sed de las nucleares

Todas las centrales eléctricas térmicas y nucleares consumen grandes cantidades de agua, que sirve como refrigerante, pero las centrales nucleares son las más sedientas

21.03.2011 | 14:17

Justamente, esta característica hace que muchos expertos cuestionen la viabilidad futura de este tipo de instalaciones, máxime en un escenario de escasez de los recursos hídricos.

El agua es clave en el proceso eléctrico. El funcionamiento tanto de las centrales térmicas como de las nucleares se basa en un principio físico, que establece la termodinámica. Es posible convertir energía en calor con un rendimiento del cien por cien, pero no es posible transformar calor de forma íntegra en energía. Es necesario que parte del calor del foco caliente se ceda a un foco más frío. En las centrales térmicas el calor procede de la combustión de carbón, gas o petróleo. En las nucleares, el calor se obtiene de la fisión nuclear del material radiactivo que las alimenta. Para poder obtener electricidad (por medio de la conversión de agua en vapor para girar una turbina unida a un alternador) es imprescindible que parte de ese calor se ceda a grandes cantidades de agua. Aproximadamente, sólo un tercio del calor que produce el combustible de una central (térmica o nuclear) se transforma en electricidad. El resto pasa a ese agua que actúa como foco frío.

Numerosas centrales nucleares se encuentran próximas al mar, como es el caso de la de Fukushima. La razón es que así se puede emplear agua marina para el proceso de refrigeración. La mayoría de ese agua consumida se devuelve al océano, a una temperatura ligeramente superior. Sin embargo, la proximidad al mar hace a este tipo de instalaciones susceptibles de sufrir situaciones como la que se vive en Japón. Además, una probable subida del nivel del mar a causa del calentamiento global podría suponer un serio problema.

Las centrales nucleares situadas en el interior toman el agua de ríos o pantanos. Y aunque la mayoría se devuelve, ya se han dado situaciones de sequía en algunos países que han obligado a suspender la producción eléctrica de las centrales nucleares. La devolución del agua a una mayor temperatura también puede ocasionar daños a la fauna y flora.

En olas de calor como la de 2006, las centrales nucleares de Francia, Alemania o España tuvieron que detener su actividad ante la escasez de agua.

En España, las centrales nucleares consumen unos 2,8 millones de metros cúbicos, lo que representa una milésima parte del agua que requiere el sector industrial. Sin embargo, en Francia, país que presume de su industria nuclear, ese consumo llega a los 19.000 millones de metros cúbicos anuales.

La elevada sed de las nucleares plantea un dilema: construirlas cerca del mar las hace más vulnerables al aumento del nivel de los océanos o a grandes catástrofes naturales, como se ha visto en Japón. Pero construirlas en el interior obliga a disponer de grandes cantidades de agua dulce para satisfacer sus necesidades. ¿Cabe alguna alternativa?

Existen centrales que utilizan aire como refrigerante, aunque eso implica un mayor autoconsumo de energía. En cualquier caso, el dilema está servido. Tanta sed puede acabar siendo un inconveniente cuando el agua dulce comienza a ser un bien cada vez más preciado y construirlas cerca del mar tampoco parece lo más idóneo.

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