25 de julio de 2010
25.07.2010
al azar

Solo para quienes han visto Up in the air

25.07.2010 | 02:14

Este artículo que no colabora sólo puede ser leído por quienes ya han visto Up in the air, puesto que destripará sin miramientos la escena clave de la película. A la vista de las cifras menguantes de asistencia a las salas y de venta de DVDs, el requisito previo me deja con dos personas por cada millón de lectores habituales. Por tanto, la limitación le ofrece una experiencia tan privada como si George Clooney –el Obama blanco– actuara en exclusiva para usted, dejo a su libertad imaginativa otras sugerencias que desearía plantearle al actor.

Up in the air es una comedia excelente porque congela la sonrisa en el rostro de los espectadores. El catálogo de recién desempleados está compuesto en buena parte por personas que no interpretan un papel, sino que acababan de ser despedidas en la vida real, si la hubiera al margen del cine. Su trauma demuestra que perder el trabajo te quita una felicidad que el trabajo no te daba. Apreciamos en Clooney su esfuerzo más consistente por cuajar una actuación desde Syriana, pero la verdadera protagonista es Vera Farmiga, la mujer de infalible atractivo que controla sus reacciones y sus relaciones.

La primera traición estadística de Up in the air se produce al imaginar que el solterón encarnado por Clooney sucumbirá al amor, dato que niegan todos los estudios centrados en mayores de 45 años. La rendición del galán que utiliza los aviones para eludir el compromiso tendrá lugar al visitar a su amor fugaz a domicilio. Muestra la misma increíble temeridad que induce a las protagonistas de películas de terror a adentrarse en la habitación oscura, donde hasta los espectadores dormidos saben que se halla su perdición.

Clooney se topa con los hijos y el esposo de su amante, en una escena más dura que los despidos. Y ahora me disculparán este preámbulo digno de un Estatut, para que les cuente la historia del espectador masculino que acude al estreno de Up in the air. A la salida, y mientras todavía compadece al protagonista, divisa entre el público a la mujer con la que comparte la libertad, salvo que se halla acompañada por quien a todas luces es su pareja oficial. No se miran, pero probablemente han reencontrado su experiencia a través de la pantalla. Bien mirado, la próxima vez que desee romper una relación, obsequie un vídeo de Up in the air. Funcionará mejor que la carta de despedida.

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