23 de julio de 2010
23.07.2010
Inventario de perplejidades

Todos somos sospechosos

Leo en un periódico español con fama de serio una curiosa noticia con efecto retardado

22.07.2010 | 04:00

En el titular principal, y en los primeros párrafos, se alude a la satisfacción europea por el hecho de que el Parlamento de Bruselas haya dado visto bueno a la entrega a Estados Unidos de los datos bancarios de personas sospechosas de estar implicadas en conjuras terroristas a partir del 1 de agosto próximo. "Hemos conseguido un equilibrio entre el respeto a la libertad y el derecho a la privacidad de nuestros conciudadanos y el modo de garantizar su seguridad", resumió el diputado alemán que fue ponente de la versión definitiva del acuerdo. Y algo parecido hizo nuestro ministro del Interior, señor Pérez Rubalcaba, que presumió de aunar voluntades para conseguir "un acuerdo excelente". Cualquier lector que no pase del titular principal, de los sumarios, y de los primeros párrafos, se quedaría muy conforme al enterarse de que las autoridades de países formalmente democráticos colaboran en el intercambio de datos que pueden evitar atentados terroristas sin menoscabo del derecho a la privacidad y a la confidencialidad de los mismos. Pero, desgraciadamente, no parece ser así. En realidad, el acuerdo trata de poner límites (si eso fuera posible) al uso indiscriminado por el Gobierno de los Estados Unidos de todos los datos bancarios a través de un sistema centralizado (el llamado sistema Swift), con base en Holanda. Si hemos de creer lo que dice el periódico, el Gobierno de Washington podía conocer sin límite alguno los datos de todas las transacciones bancarias realizadas en el mundo, y no sólo las de los ciudadanos europeos sospechosos de estar implicados en actividades terroristas.

En otras palabras, que todos los ciudadanos éramos tratados como sospechosos de terrorismo en potencia. Nadie nos explica, sin embargo, desde cuándo venía funcionando este sistema ni cuáles son las garantías legales efectivas de que a partir de ahora se respete la confidencialidad bancaria y que el conocimiento de los datos se restrinja a personas sobre las que recaigan verosímiles evidencias de estar implicados en actividades terroristas, previa la autorización judicial pertinente. La amenaza terrorista, verdadera o falsa, viene siendo utilizada como pretexto para recortar las libertades individuales en todo el mundo y justificar los cada vez más insidiosos sistemas de control social. Un comportamiento paranoico, que se exacerbó a partir de los todavía no aclarados sucesos del 11 de septiembre de 2001, y propició la llamada "guerra duradera" contra el terrorismo de supuesta inspiración islámica, con episodios tan vergonzosos como el limbo legal de Guantánamo. En cualquier caso, desconozco cuál es la eficacia del sistema Swift en el control de las actividades terroristas. Por lo que venimos leyendo en los medios de comunicación social, la mayor parte de los sospechosos de terrorismo son unos individuos de modesta economía que regentan locutorios o trabajan en la construcción. Y no es de creer que muevan cantidades significativas de dinero en sus transacciones bancarias. Además, la mayor parte de ellos, según nos cuentan, utilizan un sistema llamado "walhala", que funciona al margen de los circuitos electrónicos bancarios mediante entregas de dinero en mano.

Ahora bien, donde sí hubiera resultado eficaz el sistema Swift es en la detección del terrorismo financiero que dio lugar a la crisis económica que padecemos. En el origen y destino de grandes sumas de dinero antes del súbito derrumbamiento bancario –tan parecido al de las Torres Gemelas– podría estar la clave del enigma. Pero eso nunca nos lo contaran.

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