18 de julio de 2010
18.07.2010
cien líneas

Dudas de verano

18.07.2010 | 01:02

La almendra del verano, entendido como tiempo de vacaciones o siquiera de alternativas, está a punto –realmente cursa de Santiago a la Virgen de agosto, pero suenan tan escasamente laicos esos límites que da miedo incluso señalarlos– y, aunque las agendas públicas y sus mil derivadas privadas se fingen repletas de actividad, en unos días romperá el espacio tiempo un agujero, entre turquesa y naranja, y ya nada será lo mismo hasta la segunda quincena del mes próximo.

El trabajo, como gran profeta del dios dinero, exige su culto. Nadie se atreve a anunciar más que escapadas de unos días, expresión genuina de autoodio, como si la cotidianidad –nosotros mismos no tenemos otra cosa– fuese cárcel en trance de infierno. Y ahora que el trabajo mengua como nunca crece esa latría –todo lo escaso se sobrevalora–, de manera que hasta los gobernantes presumen de corto estío. Aquellos mantras de hace dos décadas –trabajar menos para trabajar todos– ruedan por debajo incluso del olvido.

Sobre la mesa de la actualidad hay asuntos tan graves que darían para un siglo sin apenas un fin de semana libre. El viernes, mismamente, se conocerán los resultados de las pruebas de estrés a la banca. Los enterados ya andan diciendo que están trucadas. Y sobre la mesa también está, y abierto en canal, el mismísimo cuerpo de España de resultas del Estatut y sus secuelas cantadas, ya que ZP quiere rematar la faena del Tribunal Constitucional.

Así y todo, en unos días se empezará a hablar del otoño caliente, señal inequívoca del triunfo de las vacaciones que, ya saben, este año serán pura actividad. O no. O vaya usted a saber.

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