11 de julio de 2010
11.07.2010
lo que cabe en el balayo

La sinceridad sin límites de Yaiza Suárez

10.07.2010 | 03:15

Yaiza es así como ustedes la ven. Dice lo que ha pasado, te atrapa con el relato de su tortuosa infancia, se afana en hacernos comprender que a los demás no hay que juzgarlos por su aspecto o su manera de vestir, por ser famoso o por tener dinero. Que la envidia y los celos son sentimientos oscuros y fáciles de detectar si uno extrema la vigilancia mental y destierra la maledicencia. Pide, a cada momento, en la presentación de su libro, que no hay que burlarse de quienes sufren alguna anomalía física. Ella sufrió esas vejaciones por tener pequeñas dificultades en el habla; lloró mucho de pequeña, pero le llegó la hora de hablar del pasado con distancia, alejada de un mundo que la puso al límite. Algunos me decían si yo era guiri, dice, porque pronunciaba raro . Por eso le gusta pitar, ejercer de árbitro, porque con el silbato mete al personal a camino en los partidos de fútbol cadete y juvenil, y sin pronunciar palabra se hace entender por los veintidós jugadores. A Yaiza, con veintitrés años, le faltaba tiempo en la presentación de su libro Los diarios de Yaiza , editado por Idea, en la Casa Elder de Santa Cruz de Tenerife , para dar las gracias a las personas que la han ayudado a salir adelante en los difíciles momentos que le llevaron a la Casa Cuna, y a vivir experiencias demasiado fuertes para olvidar. Yaiza quiere hablar con Don Juan Carlos I, el rey de España, para que el libro llegue a todos los españoles, a todos los europeos y, si no es mucho pedir, al resto de los habitantes del planeta. Tratándose de Yaiza yo no lo pondría en duda que llegara a conseguirlo, porque seduce a quien escucha su historia, la intensa vida de una joven que habla con el corazón y sin convencionalismos. Con una mezcla de ingenuidad y de sinceridad infantil, Yaiza se revela como una criatura que no está domesticada por el falso lenguaje de la convivencia, dice lo que nosotros no nos atrevemos a decir, y refleja la endeble y dramática situación de muchas familias isleñas, que viven invisibles y en la trastienda de nuestro confortable mundo. Muchos de los que estábamos en la presentación de su libro estamos convencidos de que en Yaiza se da una extraña aleación de elementos, que juntos forman una fórmula capaz de comunicar sentimientos y naturalidad delante de una cámara o en una concurrida sala de conferencias, y más en unos tiempos en los que la espontaneidad parece ausente y anestesiada en las relaciones personales de nuestro mundo.

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