04 de julio de 2010
04.07.2010
Ritos de paso

Catalunya en la calle

Horas de espera en vías muerta. Horas de esperanza porque se suponía cerca el destino que acabaría con el hambre. Horas de no retorno con olor a fracaso

02.07.2010 | 14:39

Miles de personas llegaban a la Estación de Francia de Barcelona andaluces, gallegos y murcianos sobre todo. Huían de la miseria en la que habían nacido: llegaban a la ciudad de los prodigios, comoa finales del XIX, y antes de la República y ahora en plena dictadura franquista. En el vagón de tercera de uno de esos trenes, llegóun chico cordobés, José Montilla. Con la conciencia de clase a cuestas –sí, existieron alguna vez, las clases sociales y la cociencia– fue abriéndose paso a base de esfuerzo, estudio y militanica izquierdista radical. Fue alcalde de su pueblo de acogida, Cornellá de Llobregat, y lo puso en el mundo.

Un día de 2006, se conviritió en el primer presidente de la Genralitat de Catalunya no catalán. Se siguió llamando José y continuó chapurreando un catalán montaraz que ha mejorado con los años. Y no pasó nada. Nada malo: porque eso y más era posible en medio de un difícil gobierno en alianza con ecopijos e independentistas, con fuertes contradicciones en su partido, PSC, y en la casa federal madre de este, el PSOE. Y en la tormenta perfecta que Trillo-Figueroa, el del Yack-42, el de la guerra de Irak, el peor ministro de Defensa de la reciente democracia, creó en su retorcida mente tardofranquista y shakesperiana, montando el recurso contra el Estatuto de Catalunya. Han pasado cuatro años de cinismo político-jurídico hasta parir un ratón. El cordobés Montilla, con la maleta de cartón y cuerda, ha llamado a los ciudadanos de Catalunya a la calle, que ya es hora. Faltan ocho días para que se produzca una de las manifestaciones más multitudinarias de nuestra historia reciente. ¿Alguien entenderá algo o seguiremos en el chiste de Gila, por supuesto?

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