05 de diciembre de 2009
05.12.2009
TEN CON TEN

El Conde de Cabra (XXVI)

05.12.2009 | 00:32

Aunque la versión herreña del romance del Conde Cabra no fue recogida en la primera selección de la Antología de García Matos, en la segunda recopilación sí figura con el siguiente comentario, a cargo de la hija del afamado folclorista:

"Es curioso también el Romance del Conde de Cabra, conocido desde el siglo XV, y que, oriundo de la isla de El Hierro, puede encontrarse también en la de La Palma, donde se le añadió un estribillo, romance que tenía, además, la particularidad de ser bailable". En primer lugar habría que descartar que este romance fuese oriundo de la isla de El Hierro, puesto que las variantes recogidas por Sixto Oña, en Santander (Cancionero Infantil, página 253, número 270) o por Kurt Schindler (Música y poesía popular de España y Portugal, número 442) vienen a confirmar que el romance llegó a las Islas procedente de la Península. Es cierto que la versión palmera presenta algunas diferencias respecto a la que se canta en El Hierro. En La Palma se canta y se baila con una coreografía que sigue las pautas del entretenimiento infantil de La Viudita, si comparamos uno a uno los movimientos que realizan los bailarines: "Salen al son del tambor por parejas hasta colocarse en rueda mientras van cantando (solista y coro). Uno sale al centro de la rueda y elige a su pareja para invitarla a danzar con él en el centro de la rueda, mientras hace alusión al Conde de Cabra ("El Conde de Cabra / le pide a la niña"). Ella sale y le contesta: "Yo no quiero al Conde / ni al quiquiriqui; / yo no quiero al Conde / que me quedo aquí".

La variante herreña no lleva el acompañamiento del baile, si bien recurre al estribillo o responder entre solista y coro, como en La Palma. En cambio, por lo que atañe a los versos, la palmera sigue con fidelidad el metro hexasílabo, mientras que la herreña consta de dos partes: una expositiva de métrica irregular ("Que si el Conde de Cabra / quiere a la viuda") y una continuación que capta las más conocidas estrofas de La Viudita del Conde Laurel ("Viudita soy, / lo manda la ley; / me quiero casar / no encuentro con quién").

Es precisamente en esta parte donde la variante de El Hierro parece derivar del prototipo recogido por Schindler en Muro de Cameros (Logroño): "La viudita, la viudita, / se quiere casar, / y por novio, y por novio / Cuerno de Cabra / le quieren dar./ Yo no quiero / Cuerno de Cabra, / triste de mí; / yo no quiero / a Cuerno de Cabra / sino es a tí".

En cuanto al protagonista de los versos (¿Conde de Cabra o Cuerno de Cabra?) existen varias discrepancias de tipo histórico. Algún cronista palmero ha escrito (a propósito de la versión de "Coros y Danzas") que el personaje en cuestión es Diego Fernández de Córdoba y Montemayor, rico hombre de Castilla y Conde de Cabra, título que le fue concedido por Enrique IV de Castilla, el día 2 de septiembre de 1455. En cambio en la revista El folk-lore andaluz", de Machado y Álvarez (Sevilla, 1882), Oja Timorato nos dice sobre el mismo personaje: "El Conde de Cabra, llamado don García, no podía sufrir la gloria del Cid Campeador, y comido de la envidia, al igual de los condes de Castilla, se avino con éstos a concertarse con los moros con el fin de dar muerte al héroe".

Si el refrán dice que "Abriles y Condes, los más traidores", el que llevó el título de Conde de Cabra tuvo que ser un tipo de cuidado, porque nadie quiso casarse con él y los niños llegaron a fustigarlo desde sus inocentes juegos de corro.

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