11 de septiembre de 2008
11.09.2008
La canción del verano

El conde de Cabra

11.09.2008 | 17:15

A pesar de que aún se conservan varias versiones folclóricas canarias del romance denominado Conde de Cabra, ningún investigador se ha preocupado de decirnos quién fue este personaje que, a través de letrillas infantiles, ha sido rechazado en amores por las viudas, entre ellas la del conde Laurel. Algo que no debe sorprendernos si no olvidamos el viejo refrán que dice: "Abriles y condes, los más traidores".

Ha sido precisamente en la Revista de Folk-Lore andaluza donde hemos encontrado la primera pista sobre la identidad del personaje, en un artículo titulado "Un adagio", que firma un desconocido y misterioso Mogen Oja Timorato. Más tarde, manejando el índice de autores, comprobamos que el seudónimo corresponde a José María Montoto, uno de los grandes artífices del equipo dirigido por Machado y Álvarez, que no escatima elogios cada vez que se ocupa de tan ilustre colaborador. Su alusión al conde de Cabra reza así:

"Desgraciado siempre fue con los condes Rodrigo Díaz de Vivar. El conde de Cabra, llamado Don García, no podía sufrir la gloria del Campeador, y comido de la envidia, al igual de los condes de Castilla, se avino con éstos en concertarse con los moros, a fin de matar al héroe que tanta sombra les hacía. Los moros, como dice Sandoval, fueron más leales y hombres de bien que los condes cristianos. Pareciéndoles maldad muy grande avisaron luego a Rodrigo Díaz. Merced a este aviso, la traición fracasó por completo". (Página 6).

Por tanto se trata de un personaje con calado histórico que pasa a la literatura popular a través del Cantar de Mio Cid, primer documento conservado de la poesía épica española. El episodio que narra la felonía del conde de Cabra se encuentra descrito en la primera parte del poema, aunque falte la hoja inicial en la versión de Pedro Abad, copia realizada en 1307 y única que ha llegado hasta nosotros. Para suplir esta ausencia de los primeros versos, los especialistas que han estudiado el Cantar utilizan el relato de la Crónica de Veinte Reyes, hasta dibujar el siguiente resumen:

"El rey Alfonso envía al Cid para cobrar las parias del rey moro de Sevilla. Éste es atacado por el conde castellano García Ordóñez. El Cid, amparando al moro vasallo del rey de Castilla, vence a García Ordóñez en la localidad cordobesa de Cabra y le prende afrentosamente, tras arrancarle un mechón de sus barbas. El Cid torna a Castilla con las parias, pero sus enemigos le indisponen con el rey. Éste ordena el destierro de Rodrigo Díaz".

Se explica entonces que, dada la catadura moral del personaje, los romances y cantares que surgieron fueran adversos al llamado conde de Cabra, que tomó este sobrenombre del pueblo en que fue derrotado por el Cid. Todos los versos le aconsejan a la viudita que rechace al conde como posible marido, según se desprende de las variantes que aún se conservan en las islas de El Hierro, Gran Canaria y La Palma, con esa insistencia en la negativa: "Yo no quiero al conde de Cabra / triste de mí, / yo no quiero al conde de Cabra / sino es a ti".

Es cierto que posteriores deformaciones han querido confundir la trama original e histórica introduciendo factores ajenos como la consumación de la boda entre la niña y el conde, aunque se alterne con estrofas que conservan la inquina primitiva: "El conde de Cabra / por una vereda, / se rompió una pata / debajo la higuera" (Versión de La Palma, cuaderno de coplas de la Escuela de Folclore, Gran Canaria, 1981).

Otros contagios tardíos tratan de sustituir al conde por un duque. O, como sucede en Cuba, por "un joven de Cuba", "un mozo de Cuba" o también "el conde de Cuba", como se desprende de las versiones recogidas por Trapero y Martha Esquenazi en el reciente y valioso Romancero Tradicional y General de Cuba (Gobierno de Canarias, 2002), en el que también se incluye una variante muy similar a las que se conservan en Canarias, como la número 35.2, tomada del estudio que Carolina Poncet realizó a principios del siglos pasado. Dice así:

"La viudita, la viudita / la viudita se quiere casar / con el conde, conde de Cabra / con el conde se casará./ -Yo no quiero conde de Cabra / conde de Cabra, triste de mí; / yo no quiero conde de Cabra / conde de Cabra, sino a ti".

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