11 de febrero de 2019
11.02.2019
Manifestación de la derecha y la ultraderecha Manifestación de la derecha y la ultraderecha

Revueltos pero no juntos

Pablo Casado y Alberto Rivera intentan no situarse al lado del líder de Vox durante la concentración

11.02.2019 | 00:57
Revueltos pero no juntos

Había expectación, o más bien morbo, por ver la foto final de la concentración proelecciones de la plaza de Colón de Madrid. Y no ha defraudado. El escenario ha sido el monumento al Descubrimiento y los protagonistas los líderes del PP, Ciudadanos y Vox. Revueltos, pero no juntos. Porque como nada ni nadie podía impedir que Santiago Abascal subiera a ese escenario, Alberto Rivera y Pablo Casado se han cuidado muy mucho de no situarse al lado del líder de Vox, pero también de colocarse juntos a pasar de haber convocado ambos la concentración.

Y es que más pronto o más tarde, habrá elecciones. A una parte de los asistentes le gustaría que las ganara Abascal, a otra Casado y a otra Rivera. Porque los tres han sido acogidos por su público con gritos de "presidente, presidente".

Se ha respetado, y mucho, la simbología que los organizadores querían que dominara la convocatoria y no ha habido manifestante que no llevara en la mano su bandera española, por la que algunos han pagado 10 euros si es que la han comprado en el puesto que la asociación de familiares de la Guardia Civil ha desplegado en la calle.

Ayer, la gran enseña que ondeaba en Colón y que llegó a entrar en el Guinness por su dimensiones (50 metros de altura, solo el paño pesa 25 kilos) no ha estado sola, sino acompañada de miles de pequeñas réplicas y de muchas banderas de la Unión Europea, bastantes senyeras y alguna del colectivo LGTBI, de la Guardia Civil, de la Legión...

La foto que una conocida periodista ha colgado en su cuenta de Twitter del amanecer en Madrid, con el sol asomándose en un cielo rojo, adelantaba la imagen de horas después en una plaza sobre la que se ha tendido un manto de banderas ondeadas al ritmo del "Viva España", de Manolo Escobar, que ha sonado bastante más que el tímido "Hoy puede ser un gran día", de Joan Manuel Serrat.

Esa sería la perspectiva que la enorme estatua de 12 metros de altura de la niña Julia, del escultor barcelonés Jaume Plensa, hubiera visto si no fuera porque tiene los ojos cerrados para introducir en el ruidoso Madrid "ternura, armonía y silencio". Lo dijo su autor el día de su colocación. La escultura totalmente blanca que invita a la serenidad, la que hace falta en el actual momento político, como tan atinadamente expresó también Plensa.

Desde primeras horas de la mañana han ido llegando a la plaza familias enteras, muchas procedentes de otras provincias en autobuses que han circulado toda la noche para llegar a Madrid. Como el que ha traído hasta la capital a David. "A ver si cambiamos las cosas, que ya está bien". Un viaje, pero algo más corto, que esta mañana hacía también el portavoz del PP en el Senado, Ignacio Cosidó, asimismo en autobús, como podía verse en el selfie que ha colgado en su twitter, por supuesto con la bandera. Y muchas familias con niños porque "desde pequeños hay que hacer patria", ha opinado Gema, una votante de Ciudadanos. Entre los 45.000 o los 200.000 asistentes, según quien los haya contado, también algunas caras más famosas, como la del escritor Mario Vargas Llosa.

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