22 de agosto de 2013
22.08.2013
Fuegos forestales

Dos incendios rodean Ourense y asedian casas

Hipótesis apuntan a dos sospechosos y un pirómano incrustado entre brigadas - La Xunta decretó el nivel uno

22.08.2013 | 07:39

Cuando la capital de Ourense hervía, a primera hora de una tarde tórrida con alerta naranja por calor, un reguero de fuegos con origen intencionado sembró el terror en la periferia norte de la ciudad, a ambos lados del río Miño, en las parroquias de Cudeiro y de Velle donde decenas de casas unifamiliares se diseminan arriba y abajo por las montañas que sepultan la ciudad. Varias fueron desalojadas, personas y animales incluidos. Han ardido más de 20 hectáreas en Cudeiro y 133, según el último dato, en Velle. Ya de noche, entre Velle y Sabadelle, en el límite entre la ciudad y Pereiro de Aguiar, las llamas seguían devorando monte sin control. Varias unidades de militares de la UME se desplegaban en la zona junto a un amplio operativo.

Dos incendios imponentes con columnas de humo visibles a kilómetros de distancia comprometieron propiedades, quemaron tendidos, destrozaron parcelas, invernaderos, un gallinero, cierres, viñedos y fincas y sitiaron viviendas. El fuego rodeó una capilla. No constan daños, en algunos casos por metros, en viviendas. Una lluvia de cenizas se esparció por Ourense. El acre olor a humo se instaló de noche.

El viento espoleó el avance destructor de las llamas en las dos direcciones. La Xunta activó el Nivel 1 de alerta en ambos márgenes del Miño por el riesgo para las poblaciones.

Sin resultados conocidos en años anteriores y sin líneas aún concluyentes, la Policía investiga a dos posibles autores, uno de ellos un supuesto pirómano incrustado en las brigadas que presuntamente prendía al paso de los trabajadores contra el fuego. Testigos habrían visto a un hombre en un maizal, aunque desde Comisaría negaron que haya detenidos. Otro hilo sin confirmar recoge el testimonio de dos jóvenes que aseguraron encontrar un libro alusivo a incendios, con una dedicatoria, cerca de la capilla de San Roque, en el Camiño Real.

El día escogido para quemar el monte era propicio: máximas de 38 grados y poderosas rachas de viento que complicaron aún más la extinción y propulsaban el fuego a las copas de los árboles. En algunas propiedades la maleza llegaba a las puertas. "Uno se siente impotente", decía in situ la conselleira Rosa Quintana. El alcalde, Agustín Fernández, interrumpió sus vacaciones para seguir el estado de emergencia. A última hora también acudió el vicepresidente de la Xunta, Alfonso Rueda.

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