03 de enero de 2019
03.01.2019
PRUEBA

La tecnología hace brillar a la estrella en el Mercedes-Benz C200

Con una reestilización muy tenue, la mayoría de las evoluciones del nuevo Clase C se producen desde el flanco tecnológico

03.01.2019 | 15:27
Mercedes Benz C200

Ergonomía y tecnología táctil

  • Hay que admitir que, contextualizado en su categoría, el nuevo Clase C no es un vehículo que impresione por sus acabados. Los puestos de conducción completamente digitalizados como el suyo han dado pie a un minimalismo que, en su caso, hace que la percepción de lujo sea responsabilidad de revestimientos y embellecedores. Sin embargo, los de esta versión (con un enchapado en madera oscura) no eran nada extraordinario.
  • Donde sí marca su territorio es en la inmensa ergonomía de ese puesto de conducción a través del cuadrado que forman el volante multifunción de maravilloso tacto, el cuadro de instrumentos digital de 12,3'', el visualizador de medios de 10,25 pulgadas y el mando con el que se controla ubicado en la consola central. Tanto este mando a modo de ratón como el volante tienen superficies táctiles con los que navegar rápida e intuitivamente en los menús del cuadro y el visualizador. Sí son de diez los asientos multicontorno con ajustes neumáticos individuales para laterales y lumbares.

Quizá porque está inmerso como fabricante en su reformulación eléctrica mediante la nueva gama EQ o porque las ventas dan razones para pensar que el Clase C sigue en plena forma, Mercedes-Benz ha ido al grano en la renovación de su turismo más vendido, el C200. A la receta vigente ha añadido un poquito más de picante en su diseño –una pizca nada más– y ha multiplicado su dosis de tecnología.

Precisamente ese proceso de electrificación que atraviesa Mercedes-Benz también salpica a esta versión que hemos probado, el C200, porque ahora se suma a la tendencia de la hibridación 'de baja intensidad' al combinar el nuevo motor 1.5 gasolina con una red de 48 V que aporta 14 CV y 160 Nm adicionales.

Ese 'gen eléctrico' se materializa en el EQ Boost que emerge no sólo cuando se acelera para aportar ese plus de fuerza mientras el turbocompresor alcanza su punto de máxima sobrealimentación; también para minimizar la pérdida de revoluciones cuando la caja de cambios sube de una a otra marcha. Es decir, este motor eléctrico actúa como reactivo para incrementar la agilidad del conjunto propulsor.

También el confort, porque el sistema de parada y arranque automático se produce de forma especialmente rápida y suave. Sin embargo, teniendo en cuenta que estamos ante un coche con 184 CV, la principal ventaja que proporciona el EQ Boost es que su consumo medio de gasolina ronda los 6,5 litros cada 100 kilómetros.

Lo consigue optimizando el modo de funcionamiento 'a vela' (o, como lo llama Mercedes-Benz, "de planeo") cuando circulamos con el C200 ganando, metro a metro, autonomía. El propio sistema nos va informando de esa ganancia a través de un gráfico que se puede visualizar en el cuadro de instrumentos. Otro indicador, el del EQ Boost, nos indica en qué momento recupera energía cinética al frenar o levantar el pie del acelerador para recargar su batería.

Para sacar máximo partido a su vertiente más dinámica o la más 'eco' de la función EQ Boost lo más efectivo es recurrir al selector de modos mediante el conmutador de la consola. El Sport+ vuelve más reactivo todo el conjunto motriz y hace que toda la potencia se sienta más a flor de piel con una conexión directa entre pedal del acelerador (acción) y el comportamiento de motor y transmisión 9G Tronic de nueve velocidades (reacción). En la posición 'Eco' todo sucede de forma más suave aquilatando de inmediato los datos de consumo.

Más expresivo

Más acorde con toda la línea actual de producto de la marca de la estrella, el nuevo Clase C basa su identidad en unas nuevas ópticas, paragolpes e insertos decorativos. Las luces tienen un acabado más sofisticado e, independientemente del acabado, las frontales son LED High Performance. Todos estos avances convergen hacia ese 'lujo moderno' que encarna toda esa nueva hornada de modelos de la marca de Stuttgart.

Por mucho que cambie el envoltorio y, muy especialmente, el puesto de conducción con el nuevo entorno más digital, perdura el principal activo de todo Mercedes-Benz: su comportamiento en carretera. Basta con darle al botón en forma de turbina para arrancar el motor, activar la directa en el selector del cambio situada en la columna de dirección y recorrer los primeros metros para comprobar que ese tacto sigue ahí, imperturbable.

Hablamos de la consistencia del tren delantero, del inmejorable 'feedback' que aporta la dirección al margen de cuál sea el modo activado, una precisión sin tacha y una amortiguación que sólo muestra alguna grieta sobre asfalto muy quebrado en forma de un incómodo ruido. En autopista alcanza otra dimensión con la llegada de los nuevos asistentes con los que el nuevo Clase C ofrece mayores automatismos.

El funcionamiento de algunos de estos sistemas se pueden controlar mediante los pequeños botones táctiles del volante (pequeñas superficies que interpretan movimientos de barrido para navegar por los menús del cuadro de instrumentos y el visualizador de medios) como el control de velocidad de crucero (Tempomat) y el asistente activo de distancia Distronic. De serie, cuenta con asistente de frenado activo que actúa por sí mismo si interpreta que existe riesgo de colisión con otro vehículo, peatones o ciclistas.

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