01 de diciembre de 2018
01.12.2018
Prueba Audi Q8 50 TDI Tiptronic Quattro

La obra maestra de Audi se llama Q8

La octava sinfonía, la octava maravilla... pueden decirlo como quieran porque el Audi Q8 es uno de esos coches que te dejan sin palabras. ¿o no?

02.12.2018 | 03:09
Audi Q8 50 TDI Tiptronic Quattro

Hibridación con tecnología MHEV

  • El Q8 50 TDI es otro de esos modelos que se suman a la hibridación de baja intensidad. Lo hace con la tecnología Mild Hybrid que implementa un motor eléctrico de 48 voltios con una batería de iones litio y un alternador conectado al cigüeñal que en fases de deceleración recupera 12 kW. Este motor actúa para que a velocidades entre 55 y 160 km/h el Q8 pueda circular por inercia con el V6 desactivado un máximo de 40 segundos. El cambio Tiptronic se encarga de acoplar la marcha que necesite al volver a ponerse en marcha el propulsor térmico. Audi calcula que en condiciones de conducción real, puede llegar a ahorrar hasta 0,7 litros cada 100 kilómetros. El funcionamiento, salvo por el diagrama del cuadro de instrumentos digital, es imperceptible.
  • El ahorro de combustible y emisiones no es responsabilidad exclusiva de la tecnología MHEV. El Q8 también dispone de un asistente de eficiencia que, a modo de copiloto experto en la materia, 'chiva' al piloto consejos a través del cuadro de instrumentos e incluso, mediante impulsos en el pedal del acelerador, avisa de cuándo puede levantar el pie y aprovechar la inercia que lleva el vehículo. Este asistente puede darse la mano con el control de crucero adaptativo y, mediante sus cámaras, sensores y datos del navegador, adapta el ritmo al propio recorrido y a las condiciones de circulación.

Interior con un entorno de conducción completamente digitalizado

  • Si el exterior impone, por dentro, el Q8 enamora. Más que una cabina, su interior es un espacioso salón que interpreta con sumo gusto la partitura del nuevo lujo moderno. Matrícula en acabados con cuero de distinto tipo distribuido en distintas zonas, incluyendo la cubierta del salpicadero o los paneles de las puertas. La guinda en esta versión es la moldura en madera porosa de color gris oscuro que aporta un equilibrio casi artesano frente a ese conjunto en negro brillante que forman todo el equipo de pantallas con tecnología 'black panel'.
  • Cuando toman vida al pulsar el botón de arranque aparece el cuadro de instrumentos digital (el Audi Virtual Cockpit) con su display de 12,3'' totalmente configurable a través del volante, la pantalla central de 10,1'' del sistema MMI Touch Response y la secundaria de 8,6'' para controlar el complejo sistema de climatización de tres zonas, incluyendo uno para las plazas traseras con su propio mando táctil. Un Con todas estas pantallas operativas, el piloto se ve rodeado por un puesto de conducción totalmente digitalizado en el que todos los controles son táctiles.
  • El interfaz de cada pantalla es tan cuidado como funcional e intuitivo. Imposible perderse a pesar de la gran cantidad de funciones que integran. Siempre existe el comodín del control por voz activable con un botón del volante y que ha sido diseñado por Audi para reaccionar a comandos tan cotidianos como "tengo hambre", "quiero descansar" o "poner combustible". La iluminación ambiental también se puede personalizar mediante la pantalla del sistema MMI y realza dando volumen a componentes del interior como el salpicadero, el túnel central o las puertas.

Dicen que lo bueno, si breve, dos veces bueno. Personalmente, no estoy de acuerdo y creo que, en Audi, tampoco lo están. ¿Se imaginan la Capilla Sixtina en un techo de cuatro por dos? ¿Y el Quijote resumido en un par de docenas de páginas? ¿Habría alcanzado el olimpo del rock Queen con una versión de dos minutos de Bohemian Rhapsody? No pierdan el tiempo. No. Pues eso es lo que pasa con el Audi Q8.

Vale que Audi sabe concentrar en frasco pequeño parte de su esencia. Lo ha hecho en el nuevo A1 que acaba de llegar a Canarias, o en el Q2 –por poner un par de ejemplos–, pero la tecnología, el diseño y, sobre todo, el lujo, piden espacio; concretamente, una carrocería que se acerque a los cinco metros. Y el Q8, con sus 4,9 metros de largo, cerca de dos metros de ancho y 1,7 metros de alto, es el lienzo perfecto para expresar lo que es, hoy por hoy, Audi.

Desde que lo vimos por primera vez lo supimos: el Q8 hace más corriente (y que Audi nos perdone) al Q7. Los aires coupé no han podido sentarle mejor a la familia Q y aunque la sombra del A8 es alargadísima, este todocamino multiplica el poder de seducción de esa rama más opulenta de la marca de Ingolstadt. Si el A8 impone por volumen y por lujo, el Q8 dobla su apuesta con un diseño monumental en frontal, perfil y zaga. En ningún área pierde intensidad, más aún con el paquete Black Line Edition de esta versión visible en parrilla, bajos y molduras de ventanas.

Pero como la brevedad impone (también aquí) su ley, dejemos atrás un diseño que salta a la vista y vayamos a lo que lo hace tan especial. Si al aire estatutario de una gran berlina de Audi le unimos una posición dominante sobre la carretera, el resultado, como en el Q7, es un coche que multiplica la sensación de lujo. El confort es supremo con la suspensión con regulación de dureza que incorpora de serie. Se puede decantar más hacia un tacto más deportivo mediante el Audi Drive Select y el modo 'dynamic', pero sea cual sea la posición, siempre sale a relucir ese inmenso confort. Por eso las versiones con las llantas más grandes (como ésta que calzaba unas de 22'') incluyen un material absorbente entre la banda de rodadura y la carcasa.

Cuando hablamos de 'tacto deportivo', hay que olvidarse de ese feeling que destilan los modelos más gamberros de la gama Audi. La virtud del Q8 es que parece flotar sobre la carretera, pero el control selectivo de par, la dirección progresiva y la citada suspensión con regulación de dureza aportan un comportamiento increíblemente neutro en curva. Mide lo que mide y pesa lo que pesa, pero gira plano y con determinación sea cual sea el radio del viraje.

El silencio a bordo es otra de las características que más impresionan al volante. La aerodinámica influye, también el parabrisas de doble capa o su estructura súper rígida, pero en esta sensación influye el componente mecánico. El motor 3.0 V6 TDI de 286 CV y 600 Nm es pura seda al volante. Poderoso si se quiere al primer golpe de 'gas', brilla de inmediato el cambio Tiptronic de ocho velocidades con el amortiguador de vibraciones que se adapta al nivel de revoluciones. Es imposible detectar en marcha cualquiera de las pegas de un diésel.

En asistentes Audi los agrupa en una serie de paquetes, aunque es el 'Tour' el que lo pone de lleno sobre la pista de la conducción semiautónoma con el control de crucero adaptativo y el Active Lane Assist. En sintonía, el Q8 puede tomar el control del volante sin salirse del carril que delimitan las líneas de la carretera, a la vez que acelera o frena manteniendo una distancia prefijada respecto al coche que nos precede. Aunque es muy efectivo, el asistente activo de mantenimiento de carril sigue siendo un comodín, una ayuda, porque el sistema no permite retirar las manos del volante más que unos pocos segundos.

Esto es lo esencial. Sin límite de espacio, sin un máximo de caracteres y palabras podríamos seguir llenando líneas hablando del inmenso espacio interior; de sus asientos delanteros de regulación eléctrica exquisitamente vestidos con cuero marrón; de su avanzado equipo de iluminación (otra virguería) o de la iluminación ambiental personalizable. ¿De verdad lo bueno si es breve es dos veces bueno?

Agradecimiento: Salobre Hotel Resort & Serenity

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