16 de noviembre de 2018
16.11.2018
Ford Focus Vignale

Ford Focus Vignale:¿Por qué no?

Hecho para conductores exigentes pero prácticos que quieren un coche distintivo, bien terminado y bien equipado pasando de etiquetas, la versión Vignale del nuevo Ford Focus convence, sobre todo, por un talante envidiable en carreteras sembradas de curvas.

16.11.2018 | 17:45
Ford Focus Vignale.

Turno de los asistentes a la conducción

  • La lluvia aconsejó ralentizar considerablemente el ritmo antes de coger la autopista y probar los muchos asistentes que implementa esta cuarta generación Focus y que lo sitúan de lleno en un escenario de conducción autónoma nivel 2. Mediante el control de crucero adaptativo con la función 'Stop & Go' (que es capaz de detener el vehículo por completo), el reconocimiento de señales de tráfico y el centrado de carril, el coche lo hace casi todo por ti, aunque sólo se pueden levantar las manos del volante durante 15 segundos.
  • Es en autopista donde también se saca el máximo partido al Head-Up Display. Además de ser muy brillante y de que su lámina de policarbonato tiene un tratamiento para poder ser leída con gafas polarizadas, se puede adaptar fácilmente a la posición de conducción de quien está a los mandos. La información que recoge, aunque cuantiosa, está bien ordenada y su interpretación es instantánea.

Distinto a los demás Focus

  • Si el Vignale aspira a meterse en territorio premium es, también, porque sus terminaciones se asemejan a los estándares de las llamadas marcas de representación. La calandra frontal, por ejemplo, adquiere una línea más artesanal y queda resaltada mediante la rejilla en forma de ondas cromadas. Este mismo acabado destaca otras zonas del exterior como los bajos traseros, la talonera lateral, la línea de las ventanas o, de nuevo en el rostro, la sección inferior que abraza los faros antiniebla.
  • En el interior casan embellecedores en salpicadero, consola y paneles de puerta de tacto noble con la piel (de tacto muy agradable) que envuelve volante, sección superior e inferior del tablero y los asientos. La doble costura contrasta con un hilo en color claro, especialmente en esos asientos en los que los pespuntes tienen una función decorativa. Incluso las paredes laterales que delimitan la consola añaden una superficie de tacto blando y a juego con el tapizado que hace que las piernas (derecha del piloto e izquierda del copiloto) no estén en contacto con el típico plástico duro.

Coincidiendo con el inicio de una potente campaña de lanzamiento, Ford España presentó el pasado mes de septiembre su nuevo Focus en Alicante. Para nosotros supuso una oportunidad perfecta para probar este compacto en una de las versiones que de aquí en adelante se incorporan a su catálogo: la Vignale. Ford Focus Vignale, con su nombre completo.

Frente a los Titanium, ST-Line y el Active –versión más crossover que llegará a finales de este año o principios del siguiente–, el acabado Vignale tiene la misión de cubrir el flanco más Premium o, por lo menos, representativo. ¿Lujoso? Los acabados y el equipamiento apuntan en esa dirección, pero hacer sombra a los compactos de las marcas alemanas son palabras mayores.

La línea Vignale que Ford ha estandarizado en la mayoría de sus modelos, está hecha para un tipo de conductor que, o bien le pide todo al Focus, o bien tiene una visión más transversal de la representatividad. Una visión que no tiene por qué ir unida al emblema de las marcas premium por antonomasia.

A nivel dinámico, el problema en el que se mete una marca generalista cuando aspira a comerle la tostada a una premium es que la calidad de acabados y el equipamiento de confort no sirven de nada. Pero Ford juega con una ventaja con el Focus. Desde 1998 se posicionó como uno de los compactos con un tacto más deportivo y esta cuarta generación incide en mayor medida en esta característica.

Lo hace con un chasis completamente nuevo (en realidad como todo el coche) un 20% más rígido a la torsión, una nueva configuración de suspensión trasera y distintas capas de tecnologías y soluciones estructurales con las que el Focus filtra mejor las irregularidades y asperezas a la vez que mantiene esa experiencia de conducción tan sensible. Todos estos avances se hicieron claramente patentes al probar la versión Vignale en las espectaculares carreteras que unen Alicante con Alcoy.

Nos faltó tiempo para poder 'trastear' con los modos de conducción y así sacar máximo partido a la suspensión trasera independiente con amortiguación con control continuo (CCD) y que, cada dos milisegundos, revisa la suspensión, el chasis, dirección y frenado para ajustar las respuestas de amortiguación. El resultado es un coche tan ágil atacando curva tras curva, como estable en virajes amplios y rápidos.

El tren anterior se cubre perfectamente las espaldas con una nueva columna de la dirección asistida electrónica (EPAS) y un nuevo software de gestión de tacto inmejorable. Si esto lo envolvemos con sistemas como el de la Compensación de Torsión de la Dirección, un nuevo Control de Estabilidad y el Control de Par Vectorial, el resultado es el que es: el nuevo Focus Vignale sorprende hasta tal punto que, sin ninguna duda, se sitúa en la elite de los compactos generalistas. Pocos complejos puede tener ante los 'segmento C' de aire representativo sin entrar, por supuesto, en versiones de altas prestaciones.

Si bien probamos el motor 1.5 EcoBoost de 150 CV, lo más interesante era poder hacerlo junto al nuevo cambio automático de ocho velocidades. Es una caja con convertidor de par y no con las cada vez más extendidas de doble embrague. Ford se ha atrevido a prescindir de la clásica palanca selectora y la sustituye por un mando redondo de sencillo accionamiento y que, entre las distintas posiciones, tiene una manual que cede a las levas del volante la elección de la velocidad. El funcionamiento de esta transmisión convence especialmente por su suavidad.

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