18 de julio de 2010
18.07.2010

El crucifijo

15.07.2010 | 03:32

Si para Tierno Galván el crucifijo es el símbolo de la paz y para los cristianos es el símbolo de su religión, no debería de desaparecer de los lugares públicos. Y no debería de desaparecer porque es el símbolo contra la intolerancia. Porque fueron los intolerantes los que no dudaron en crucificar y dar muerte a un hombre que no se sometía a lo políticamente correcto, que hablaba de amor y libertad, que se revelaba contra una sociedad corrupta, intolerante e incapaz de entender otra forma de vivir y de pensar, una sociedad materialista y egoísta donde la pobreza pululaba por doquier y en donde solamente sobrevivía la clase alta por su connivencia con el poder. El crucifijo nos debería recordar permanentemente la intransigencia de los fanáticos. El crucifijo no es sólo un símbolos religiosos, sino que es un elemento cultural de Europa como lo es la media luna roja en los países musulmanes. Incluso la cruz forma parte del no creyente que puede identificarse con la cruz como lo puede hacer con los símbolos celtas, romanos o griegos que constituyen también los pilares de nuestra civilización.

Además, la cruz representa en Occidente toda una serie de valores civiles trascendentales como la tolerancia, la solidaridad y la igualdad.

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