15 de abril de 2018
15.04.2018

El quiosco verde de Demba Gueye

El periódico más vendido en Senegal es 'L'Observateur', un rotativo con tufillo sensacionalista propiedad del cantante y empresario Youssou N'Dour

15.04.2018 | 03:38
El quiosco verde de Demba Gueye

la opinión de tenerife publica de la mano de José Naranjo, Premio Canarias de Comunicación y especialista en África, una serie de reportajes sobre un continente enorme, diverso, lleno de luces y sombras, pero sobre el que relato imperante suele ocultar su hecho más rotundo: allí viven más de mil millones de personas que cada día compran, juegan, escuchan música, salen a pasear, trabajan, cogen la guagua, se divierten, estudian, ríen y lloran. Esta serie es sobre ellos y ellas, sobre esa África cotidiana poblada por hombres, mujeres y niños, muchos niños, que no suelen salir en los periódicos. Es un esfuerzo por conocerlos que huye del tópico y se echa a la calle para contar la otra África, la de la vida que late en los callejones.

Demba Gueye lleva 18 años exactamente en el mismo lugar. Doce horas cada día. Desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde. Conoce los pliegues e imperfecciones de la acera situada bajo su banco de madera cotidiano como si fueran las rayas de su mano y ha visto surgir y hundirse hasta el infinito las arrugas en torno a los ojos y la comisura de los labios en las caras de Fatou, Pere, Mohamed y El Hadji Timera, los vecinos del lugar que, puntuales como relojes, le compran el periódico todas las mañanas desde hace dos décadas. Su quiosco, situado junto al Canal Quatre de Dakar, es el epicentro de su mundo. Allí, las portadas de tinta hablan.

Asomarse a la ajada estructura de chapa verde de Demba Gueye es descubrir los temas que interesan a los senegaleses a través de la prensa que leen. "El más vendido es L'Observateur, cien mil ejemplares en todo el país", asegura, "seis o siete veces más que el resto", dice. Perteneciente al grupo Tele Futurs Medias, propiedad del cantante, empresario e icono nacional Youssou N'Dour, L'Obs abre su hoy primera página con una historia truculenta muy del gusto de este sensacionalista medio: "La historia desconocida de Idiatou Diallo: la grave enfermedad de una ladrona de niños".

En su página 7, el periodista Abdoulaye Diedhou se entretiene navegando por los detalles de la vida de una mujer con problemas mentales, divorciada y madre de tres hijos, que intentó secuestrar a una menor en el barrio de Medina. El tema, muy en boga por la reciente psicosis debida a la desaparición de niños en este país, encaja a la perfección con el ideario de L'Obs: un poco de política si puede ser relacionada con algún escándalo mejor, algo de fútbol y lucha senegalesa y un mucho de sucesos. De hecho, el artículo sobre la "ladrona de niños" comparte portada con el secuestro y violación de una pequeña por parte de dos vigilantes de seguridad en la localidad de Yembeul.

Al igual que ocurre en España y tantos otros países del mundo, la prensa deportiva ocupa un lugar de honor en el corazón de los senegaleses y, por tanto, en el microcosmos de Demba Gueye. "Les encanta, sobre todo a los más jóvenes", explica. Y de entre todos los periódicos destaca Stades. Este martes, la portada se la lleva la selección nacional que juega su último partido amistoso contra Bosnia antes de la elaboración de la lista definitiva de jugadores que irán al Mundial de Rusia. Por segunda vez en su historia, los Leones de la Teranga han conseguido plantarse en una fase final de la Copa del Mundo. La venta de banderas y de camisetas del combinado nacional se ha multiplicado exponencialmente, lo que anticipa un mes de junio lleno de emociones futboleras.

Una de las diferencias apreciables a simple vista de los periódicos senegaleses si se los compara con la prensa española es su pequeño tamaño. Ocho, doce o dieciséis páginas como mucho. Con una sola excepción: Le Soleil, el diario oficial del Gobierno, alcanza con facilidad las 24. Eso sí, desde la perspectiva local es tan grande como aburrido, como pone de manifiesto su escasa pujanza frente a otros rotativos como el citado L'Obs o el WalfQuotidien. El periódico oficial dedica páginas enteras a la agenda del presidente Macky Sall y se adorna con inauguraciones de carreteras, tediosas jornadas técnicas de ministerios e inversiones millonarias en los sectores más inverosímiles. Si a ello añadimos las ofertas y concursos públicos que pueblan sus faldones, el bostezo es ya kilométrico.

Sin embargo, Senegal no se ha quedado fuera de la crisis del papel tras la irrupción de los medios digitales que afecta al mundo entero. Y claro, Demba Gueye se ha convertido en una víctima más, en un daño colateral. "Antes se vendía mucho más periódico, ahora es incontable la gente que pasa por delante y se para a leer los titulares pero no compra nada. En otros países, como Gabón o Costa de Marfil, te cobran 25 francos (unos tres céntimos) por mirar las primeras páginas. Aquí nada", se queja el quiosquero del Canal Quatre quien gana unos ocho euros al día por su actividad, con la que viven él, su mujer y sus dos hijos pequeños, y que además tiene que pagar unos cinco euros mensuales de impuestos por ocupar la vía pública.

Bassirou Diop es uno de los lectores de titulares que tanto disgustan a Gueye. "Yo leo la prensa en Internet o en el móvil", dice este estudiante de Filología, "pero me gusta ver las portadas porque así me hago una idea general de lo que está pasando". Frente a sus ojos, en las 27 cabeceras diarias que existen en Senegal, emergen el escándalo de la financiación libia del ex presidente Sarkozy, la huelga de médicos, la condena a cadena perpetua de un compatriota en EEUU por haber matado a su mujer y su hija, la dimisión de un importante juez o, grata sorpresa, una entrevista en profundidad al escritor y periodista Boubacar Boris Diop relativa a su última novela, Bámmeelu Kocc Barma, sobre el naufragio del barco Joola en 2002, una de las peores tragedias marítimas del mundo que costó la vida a casi 2.000 personas.

Diop hace una encendida defensa de la literatura en wolof, su lengua materna, pero en el quiosco verde sólo hay periódicos en francés, ni rastro de los idiomas propios del país. Por el contrario, esas lenguas dominan las emisiones radiofónicas locales allá donde uno vaya, en Kolda el mandinga o el pulaar, en Joal el serer, en Ziguinchor el diola o el soninké en la zona de Matam. Demba Gueye sonríe y lanza una frase para la posteridad del debate lingüístico-colonial: "Si en la escuela nos enseñan francés, ¿en qué va a escribirse la prensa?". A modo de despedida, levanta la mano y grita "¡Llévame para España, seguro que allí se vende un montón de periódicos!". Si él supiera?

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