15 de septiembre de 2018
15.09.2018

"Me encarcelaron y torturaron durante días por reclamar una causa justa"

Los supervivientes de los sucesos de Sardina del Norte rememoran la represión del franquismo 50 años después

14.09.2018 | 23:16
50 aniversario de los ´Sucesos de Sardina del norte´
Marisol Jiménez Quesada (en el centro) durante el homenaje que se realizó ayer a los represaliados en los sucesos de Sardina del Norte.

"En la comisaría me torturaron y me encerraron en una celda de apenas un metro, querían que les dijera los nombres de los cabecillas de la protesta pero me negué, después estuve en la cárcel de Barranco Seco más de un mes aislada". Marisol Jiménez Quesada rememora los sucesos de Sardina del Norte 50 años después, un hito en la lucha sindical antifranquista cuya repercusión trascendió las Islas en esos años. Marisol fue una de las dos mujeres que fueron torturadas y encarceladas por participar activamente en una protesta laboral que reclamaba el abono de más de cuatro meses de salarios impagados.

El sindicato Comisiones Obreras celebró ayer un acto de recuerdo y homenaje de la revuelta de Sardina del Norte, de la que hoy se cumple medio siglo, en el que estuvo presente el secretario general de la central sindical, Unai Sordo. Varios de los testigos y participantes relataron conmovidos cómo la Guardia Civil disolvió a la fuerza y con disparos una asamblea de trabajadores disfrazada de asadero en la Cala de Martorell, junto a Sardina del Norte. Allí resultó herido grave por los disparos Jesús Redondo Abuín, que ayer estuvo presente en el acto y relató como un torniquete bien puesto por uno de los participantes le salvó una pierna y la vida. Fue condenado a once años de prisión, de los que cumplió siete. "Los sucesos de Sardina del Norte deben figurar con letras de oro en la historia de la lucha contra el franquismo", aseguró.

José del Toro, un sindicalista veterano de CCOO que tenía 23 años en aquel momento, cuenta que desde el sindicato y el Partido Comunista -dirigido en ese momento por el escultor Tony Gallardo- se ofreció ayuda y asesoramiento "a los 48 trabajadores estafados por la empresa Satra de trabajos asfálticos". Cuando se realizó la última asamblea el 15 de septiembre "la intención era ir al día siguiente al Gobierno Civil para manifestarnos y entregar un escrito de protesta", indicó Del Toro. Sin embargo, la Guardia Civil se personó en la cala al frente del subcomandante Ángel Díaz Otero que, según los afectados, fue el que efectuó los disparos y ordenó el arresto de todos los participantes al negarse éstos a dar el nombre de los políticos y sindicalistas que encabezaban la protesta laboral.

A partir de ese momento se precipitaron los acontecimientos. Tras los disparos -que dejaron dos heridos- se precintaron las guaguas y coches y los agentes de la Benemérita se llevaron a los detenidos a la cárcel de Barranco Seco, donde varios de ellos hicieron huelga de hambre en señal de protesta. Tras un consejo de guerra fueron condenados un total de 20 personas con penas de entre 11 y dos años, entre ellas Tony Gallardo y los sindicalistas que estuvieron en Sardina del Norte. Todos fueron llevados a la Península donde estuvieron en varias cárceles.

Uno de los acontecimientos colaterales a los sucesos de Sardina del Norte, pionero en el movimiento obrero de esta época, fue el encierro en la Catedral de Santa Ana de un grupo de mujeres esposas, hijas y madres de los represaliados. Allí no pudieron entrar las fuerzas de seguridad y las mujeres se mantuvieron varios días en el templo con la connivencia del Obispado. Esta protesta marcó un antes y un después porque el eco de la misma llegó a la Península y fue el inicio de otras protestas similares en varios lugares.

"Luchábamos por una causa justa, allí todos éramos pobres aparceros y obreros que queríamos que nos pagaran porque llevábamos varios meses sin cobrar y la empresa nos habían dejado tirados sin recibir nada", explica Marisol Jiménez, a quien los agentes le tiraron del pelo para obligarle a mirar fijamente a una luz exigiéndole que les diera nombres. Por su parte, Jesús Redondo Abuín, gallego de origen, trabajaba en la construcción y cuando se enteró de la situación de los trabajadores de Satra fue uno de los que organizó la asamblea que desembocó en los sucesos de Sardina del Norte. Según los historiadores, fue el inicio del despertar de la lucha de los trabajadores por sus derechos en la dictadura franquista.

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