10 de febrero de 2019
10.02.2019
Baloncesto
Iberostar Tenerife 8388San Pablo Burgos

El Iberostar pierde la identidad

El cuadro lagunero cae frente al Burgos en un partido donde se muestra muy blando atrás, concediendo demasiadas canastas fáciles

10.02.2019 | 04:15
El Iberostar pierde la identidad

Un parcial 2-19 colapsa al club isleño y le obliga a ir siempre a remolque

Bajón antes de la Copa del Rey. Después de varias semanas ofreciendo un baloncesto de alto nivel y de sumar cinco victorias seguidas como local en el Santiago Martín -la más reciente apenas siete días antes contra el Barça Lassa-, el Iberostar Tenerife se dejó una importante victoria frente al Burgos, dondel el tinerfeño Álex López firmó un encuentro casi perfecto con 15 puntos y 20 de valoración. Tropiezo hasta cierto punto inesperado, e incluso doloroso a posteriori, toda vez que más allá de los méritos contraídos por el cuadro de Diego Epifanio, el conjunto canarista que se vio ayer no se pareció en casi nada al de las jornadas más cercanas en el tiempo. Sin la chispa necesaria para ser sólido en defensa -salvo algunos pasajes iniciales y una pequeña reacción durante el tercer cuarto-, ni con la cabeza suficiente para sacar rédito a ese baloncesto casi de memoria que tantos frutos le viene reportando a los de Vidorreta. Y es que pese a un buen arranque (13-5), un parcial de 2-19 hizo que los laguneros fueran ya a contrapié prácticamente. Sin encontrar nunca la fórmula para llevar el duelo a su terreno, los tinerfeños concedieron demasiadas canastas fáciles frente a un San Pablo liderado por Sutton. El norteamericano, a base de un físico descomunal, sacó los colores a los aurinegros en los momentos más calientes.

Arrancó bien el Iberostar, sacando tajada del 2x2 con Iverson y, sobre todo, moviendo con calma y criterio para dar con situaciones liberadas en el perímetro para que San Miguel, White y Abromaitis anotaran de tres y poner tierra de por medio (13-5) frente a un rival muy dubitativo con el balón en ataque y que en cinco minutos ya había regalado cuatro balones.

Pero a partir de ahí el partido dio un giro de 180 grados. El cuadro lagunero comenzó a ser menos fiable desde el arco (seis errores seguidos) y acusó su inferioridad en el rebote de los dos aros (3 a 9 al término del primer cuarto), especialmente por medio de un Sutton que explotó su capacidad para hacerse fuerte en el rechace y correr toda la cancha. A eso el Iberostar añadió una cierta endeblez de piernas en el uno contra uno y para llegar a los tiros rivales desde las esquinas. Con Sutton desatado, el Burgos fabricó, hasta el final del periodo inicial, un parcial de 2-16 que llegó a ser de 2-19 gracias a un triple de Álex López (15-24).

Como si de un jarro de agua fría se tratara el Iberostar se veía nueve abajo en apenas cinco minutos. Ni el triple de Bassas que ponía fin a una racha negativa de siete errores, ni la aportación cerca del aro de Iverson le valieron a los de Vidorreta para salir de una dinámica cada vez más perniciosa y en la que ahondó el lagunero López haciendo daño en inverosímiles penetraciones y también desde el perímetro. En el intercambio de canastas (con Beirán tratando de fajarse una y otra vez en el poste bajo para generar ventajas), el conjunto tinerfeño no solo no lograba estrechar el cerco a su rival, sino que la renta burgalesa crecía por encima de la decena (28-40 tras un triple de Fitipaldo).

Seguía sin haber noticias del rebote (6 a 15 al descanso y ni una sola captura de Iverson), pero lo más preocupante era, con diferencia, la facilidad con la que anotaba el cuadro visitante. El Iberostar vio como su oponente producía una y otra vez al filo de la posesión de 24 y además con aparente suma facilidad. Así lo expresaban las sensaciones y así lo corroboraban los números. Y es que el San Pablo se fue al intermedio con un soberbio 13/14 en tiros de dos (un inmaculado 11/11 en la pintura), al que añadía un más que notable 5/10 en triples. Fórmula mágica para tener al conjunto tinerfeño contra las cuerdas (35-44).

Las primeras jugadas del tercer acto dieron la sensación de que el partido iba a continuar por los mismos derroteros (37-46 y Abromaitis errando tiros liberados), pero el Iberostar cambió el chip por completo. Los isleños apretaron los dientes en defensa, con mucha actividad en las líneas de pase y generando tiros más complicados para los visitantes. Ahí tomó el mando White, tanto detrás (dos robos) como delante, con varias penetraciones y algunos tiros libres para capitalizar un parcial de 14-4 que ponía por delante a los locales después de casi 20 minutos (51-50, 26').

Partido nuevo en el que, por dinámica, el Iberostar parecía tener las de ganar, si bien el Burgos no se descompuso y frenó en seco la reacción local. Lo hizo con el arrojo de cara a canasta de Álex López, la calidad en el poste de Huskic y dos triples de Frazier para el 56-62. Le tocaba remar de nuevo a los locales, que recurrieron a los triples de White y Brussino (62-64, 31') antes de un nuevo arreón burgalés a base de aprovechar rápidas transiciones o situaciones liberadas (64-72, 34'), y también de una serie de acciones en las que el cuadro canarista regaló en ataque el par de recuperaciones previas a base de sacrificio defensivo

Por enésima vez en el encuentro el Iberostar mostraba una manifiesta incomodidad a los dos lados de la cancha. Amagaron los isleños con un posteo de Beirán y un 2+1 de Iverson (70-73), pero como en ocasiones anteriores a los tinerfeños les faltó la constancia y continuidad que solo tuvieron en el arranque del tercer cuarto. Así, entre Lima y Sutton aplacaron cualquier intentona aurinegra, como la de jugar sin cinco para equilibrar la movilidad burgalesa y poder presionar a toda pista. Así, y con fiabilidad en el tiro libre, los canaristas llegaron a colocarse a cuatro a poco más de un minuto para el final. Sin embargo, y como fue tónica casi generalizada, Sutton tiró de piernas para sacar un 2+1 que le ponía la puntilla a la contienda (79-86) y dejaba a los aurinegros sin esa inyección extra para llegar en las mejores condiciones en la Copa. Tocará tirar de amor propio y de orgullo herido para tratar de volver a dar la campanada como hace un año.

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