13 de enero de 2019
13.01.2019
Fútbol CD Tenerife

Peligroso paso atrás

Un flojo Tenerife naufraga en el Tartiere y confirma sus problemas a domicilio ante un Oviedo muy superior en todas las facetas. El equipo se encomienda a los refuerzos para huir de la zozobra

13.01.2019 | 00:48
Peligroso paso atrás
Peligroso paso atrás

En plena efervescencia por la llegada de los nuevos fichajes y con la tren de la reconstrucción ya en marcha, el Tenerife dio ayer un patinazo peligroso que vuelve a condenarle a los puestos de la zozobra. El revés era inesperado por cuanto el equipo parecía haber levantado el vuelo con empates de mérito como el del derbi y un triunfo balsámico como el de principios de año contra el Elche. Pero la vida a domicilio sigue igual. Sin una sola alegría.

Oltra sorprendió en la elección del once. Apostó por dejar casi inalterado lo que funcionó en el partido anterior y tan solo hizo un cambio (obligado) por la sanción de Suso en el costado diestro. Pero su decisión trajo consigo la reubicación de Alberto, de defensa a mediocentro; y sacrificar una vez más a Joao. Como está en la rampa de salida y con serias opciones de irse en esta ventana invernal, ha de interpretarse lo de ayer como una nueva invitación a que se vaya.

En realidad -y el entrenador lo sabe- se maneja el Tenerife sobre el alambre. Con la remodelación del plantel en marcha, hay varios jugadores que se saben prescindibles y además las bajas ya confirmadas (Bryan y Aveldaño) han dejado el plantel bajo mínimos. De hecho, a Oviedo viajó Oltra con lo puesto.

En este ejercicio de malabares en que se ha convertido la composición del once y la convocatoria en estos tiempos de reforma, el técnico blanquiazul demandó de los suyos que compareciesen intensos y ordenados al verde. Enfrente, un rival que también venía de ganar y que buscaba dar un salto para acercarse a los mejores. Anquela trabaja los partidos al milímetro, les saca punta a balón parado y prepara cada jornada desde la plena combatividad. Como si quisiera que sus equipos fuesen la prolongación del carácter y la raza que rezuma a cada decisión, a cada palabra. Así que ayer habrá quedado conforme con la puesta en escena de los carbayones, que comenzaron mandones en el envite con el Tenerife y pronto generaron claras opciones para el gol.

La primera para Carlos Hernández, que se entretuvo demasiado y se quedó sin remate desde una posición franca; y la siguiente, la definitiva. Para cuando se produjo el 1-0 ya había avisado un Oviedo donde mandaban Yoel Bárcenas y Omar Ramos, solución de emergencia ante la lesión a última hora de Viti. Ambos se estaban divirtiendo de lo lindo ante los desajustes de un Tenerife que se pareció al de anteriores envites fuera de casa. Impreciso, fallón, haciendo de los errores casi una costumbre.

Fue un desajuste mayúsculo el que propició que anotara justamente Bárcenas, de los más activos en los compases inaugurales y autor de un golazo. Parabólico fue su disparo y desquiciante la nula oposición del representativo, que solo despertó cuando ya le habían golpeado. Lo hizo muy lentamente y creciendo desde la posesión del esférico, pero sin llegar demasiado a portería. De hecho, el portero Champagne fue un espectador más casi hasta que llegó el descanso.

La primera reacción blanquiazul se produjo precisamente en los minutos previos al intermedio, cuando una buena acción de Malbasic (inédito hasta entonces) permitió a Montañés disparar a placer. Incomprensiblemente, chutó fuera. Ya para entonces no estaba en escena Omar, a quien jugó una mala pasada su irrupción de repente en la titularidad y se fue lesionado.

Faltaban 45 minutos para variar el rumbo del Tenerife a domicilio y urgía una versión mejor. Con menos equivocaciones y más eficiencia. Pero no abundaban los motivos para la esperanza en el banquillo ni tampoco en la deprimente aportación de muchos futbolistas blanquiazules en el acto inicial. Lejos de la convincente imagen que dieron ante el Elche, ayer se difuminaron. Milla tal vez por el cambio de demarcación, pues jugó acostado a la derecha; y otros como Jorge, Cámara o el mismo Malbasic por la propia inercia de la contienda, que solo ofrecía señales negativas.

La reanudación fue un dolor. Lejos de salir enchufado, el equipo blanquiazul volvió a verse a merced del Oviedo, que perdonó en varias ocasiones el tanto de la sentencia. De hecho, éste pudo llegar en una salida titubeante de Dani, que luego salvó bajo palos en una demostración de reflejos. Las acometidas astures eran constantes ante un Tenerife timorato, que tardó en arriesgar.

El panorama tampoco lo arreglaron los cambios y solo por insistencia hubo resquicio para soñar con el empate. Con el representativo al abordaje y tras poner Oltra toda la carne en el asador, convivió el equipo con el miedo al 2-0 hasta que se evaporaron todas sus opciones de igualar.

Con un bagaje ofensivo casi nulo y muchas dudas en defensa, donde Oltra se equivocó al partir la pareja Jorge-Alberto, el equipo retrocedió lo andado en los últimos paridos y volvió a la lona. Fue como un desesperado SOS y un aviso a los refuerzos. O ellos salvan al Tenerife, o habrá peligro (real) de perder la categoría.

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