02 de diciembre de 2018
02.12.2018
Fútbol CD Tenerife
Sporting de Gijón 21CD Tenerife

La derrota más inmerecida

El Tenerife firma su mejor partido a domicilio pero sale de vacío por seis minutos fatídicos en la segunda mitad. El árbitro anuló un gol legal a Bryan Acosta antes de que el Sporting se adelantara

02.12.2018 | 00:46
La derrota más inmerecida
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La derrota más inmerecida

No hay mal que cien años dure, pero la sequía del Tenerife a domicilio ya va por ocho meses y se ha convertido en una historia interminable. Ayer ni tan siquiera la versión más reluciente fuera de casa valió a los blanquiazules para ganar. Tampoco el idilio de Oltra con El Molinón, donde ya había ganado dos veces como técnico del representativo. Anoche hasta se le viró el arbitraje, pues el colegiado anuló un gol legal por milímetros a Bryan Acosta antes de que el Sporting se adelantara. La mejoría ostensible en el juego es una invitación a la esperanza pero esta concatenación de derrotas lejos del Heliodoro (primero en Soria, luego en Pamplona y anoche en Gijón) es una amenaza seria para un equipo que camina sobre el alambre.

Ayer el Tenerife lo hizo todo para ganar. Salió más enchufado que su adversario, compareció pletórico de concentración y le privó de la pelota al Sporting. Tiene su mérito porque los asturianos venían lanzados, renacidos los del Princiapdo a partir del relevo en su banquillo. Y jugaban en El Molinón, donde miles de fieles acudieron entusiasmados a sus butacas tras el estreno victorioso de José Alberto en Granada. Pues bien, lo que se encontraron de primeras fue un equipazo... que fue el Tenerife.

Oltra podía haber repetido alineación -habría sido la primera vez de la temporada- pero se sacó un conejo de la chistera que nadie presagiaba. Por la elección del once pudo parecer que volviese a la defensa de cinco. Nada más lejos de la realidad, apostó por un 4-4-2 clásico donde Milla (en la derecha) y Bryan (a la izquierda) modificaron su demarcación habitual.

No pudo salirle mejor una decisión crucial como era ésta. El Tenerife intentó desde el intento hacerse con el control de la contienda y lo logró casi de manera inmediata. Tanto es así que el cuadro blanquiazul llenó de pitos un graderío que viajó de la ilusión al desencanto conforme avanzaban los minutos de la primera mitad. Hasta el descanso, el partido fue del representativo.

Al margen de algunos errores puntuales atrás, el equipo de Oltra fue mucho mejor que su adversario en el acto inaugural. Le faltó solo el gol, pero pudo marcarlo perfectamente Milla en una ocasión clamorosa que justamente originó él con un pase de muchos quilates. Lo siguiente fue un requiebro inmenso de Naranjo, de quien empieza a verse una versión más chispeante; y lo que faltó fue que el propio Milla definiese mejor. No es delantero, y se notó. La pelota se fue a las nubes, y así la oportunidad más nítida para el 0-1.

Para cuando el colegiado indicó el camino de los vestuarios, en Gijón ya se palpaban los nervios de la afición local por la descomposición de los suyos y el gran partido del representativo, que iba a más. La mejor señal tras el intermedio es que el nacimiento de la segunda mitad fue una continuación de la primera. Lo intentaba el Sporting pero circulaba con una marcha más el Tenerife, al que faltaba solo rematar la faena. No lo hizo cuando pudo, y en el pecado llevó la penitencia.

El partido empieza a cambiar a partir de una doble permuta del Sporting. Fue muy hábil José Alberto cuando procuró variar la fisonomía de la contienda con dos sustituciones de hombres ayer grises por otros impetuosos, especialmente Blackman, revulsivo de primer orden. Ocurrió entonces que su equipo dio un paso al frente y empezó a convertir en costumbre las aproximaciones a Dani, que empezó a sufrir. Seis minutos fatídicos doblegaron al representativo. Primero en un error flagrante en la defensa a balón parado -mal endémico de este equipo- y a continuación en una filigrana acrobática de Djurdjevic. No había marcado en toda la temporada y lo hizo justo a costa del Tenerife. A perro flaco, todo son pulgas.

A los de Oltra, ayer más espumosos que nunca antes en ningún otro partido como foráneos, cabe consignarles un mérito adicional en el relato de la partida. Cuando parecían ya desvencijados, a merced del adversario (2-0 en contra) y El Molinón entonando la mejor de sus bandas sonoras, aún tuvieron margen para levantarse. Y para meterse en el partido. Fue en una acción que culminó Naranjo y que lamentablemente no tuvo continuidad con más opciones para el gol. El oficio del Sporting pesó ante un Tenerife ya sin fuerzas. Y ni las permutas (Suso y Montañés) valieron para dar un impulso extra a un equipo ya sin remedio. Que no gane ni jugando bien es preocupante. Pero ayer al menos se vio una luz al final del túnel. O el Tenerife gana el derbi o llevará al 2019 sus males a domicilio.

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