12 de agosto de 2018
12.08.2018
Fútbol CD Tenerife

Sin brillo ni goles en el último test

El Tenerife se adjudica el Trofeo Teide en los penaltis tras una final poco vistosa y de la que salen lesionados Joao y Montañés. Alberto mejoró las prestaciones blanquiazules tras el intermedio

12.08.2018 | 00:14

En plena crisis de los clásicos torneos del verano (Teresa Herrera, Colombino, Naranja o Carranza), el Trofeo Teide no fue ajeno a las dificultades para hallar un rival potente y, agudizados sus problemas por la escasa solvencia de sus organizadores, el Celta B completó a última hora un cartel de circunstancias que dejó descafeinada la final. Así que la estrella y el gran reclamo fue el Tenerife, que se personaba invicto en su tarjeta de presentación (hasta ayer, cuatro victorias y un empate) y con sensaciones que destilaban optimismo a nueve días del arranque liguero.

El adversario no tenía pedigrí pero sí argumentos suficientes como para complicar la vida a los de Etxeberria, que convirtió este último envite de pretemporada en un banco de pruebas para el debut en Tarragona. Eso sí, no exhibió el once que presumiblemente dibujará contra el Nástic. De hecho, esa fue la primera noticia: Alberto se cayó de la formación inicial y lo mismo ocurrió con Nahuel, por el afán de probar a Camille, aún falto de forma.

En la punta de lanza de los blanquiazules, Etxeberria dio carrete a Malbasic y demoró hasta la segunda mitad el reestreno de Nano, anoche en el centro de todos los focos. De los primeros 45 minutos, lo más llamativo es que se echó en falta a los ausentes. No fue el mediocampo tinerfeñista el de la versión eficiente de otras tardes. Y en la banda izquierda se confirmó que no está fino todavía Camille, que muy posiblemente deje su sitio a Nahuel el día que las balas ya no sean de fogueo.

Tal y como había presagiado Etxeberria, el filial vigués puso en aprietos al Tenerife y hasta llegó con mayor frecuencia al área del rival. Se vio motivadísimo a los gallegos, que vinieron con la intención de llevarse el Trofeo e inquietaron pronto a Dani por mediación de sus estiletes principales, Salvador y Apeh. En el lado blanquiazul brillaba Milla, pero arriba se echaba en falta más mordiente. Sin apenas fuelle por los costados, se esperaba con ansias a Malbasic, que tardó en aparecer.

Las prestaciones insulares mejoraron en la segunda mitad por mediación de Alberto, siempre sinónimo de equilibrio. No se valora lo suficiente al majorero hasta cuando falla, como ayer en los iniciales 45 minutos. En los segundos, su presencia dio empaque a los locales, que empezaron a imponer su superioridad técnica y opositaron al gol con más argumentos. Pero el marcador se quedó como estaba porque dos tiros consecutivos y parabólicos de Malbasic no encontraron la suerte de la red. Como tampoco un incisivo Joao, que entró con ganas. Lo mismo que Nano, aunque apenas entró en contacto con el cuero.

La final la estropeó la peor noticia posible: dos lesiones. La de Montañés, que preocupa porque parecía acabarse el calvario para él y ahora resulta que no; y la del colombiano Rodriguez, que tiene mala pinta. Además hubo refriegas y tánganas -casi siempre con Salvador como protagonista- que mancharon un partido ya de por sí demasiado romo por las continuas interrupciones y cambios del Celta. Llegados a este punto decidieron los penaltis. O mejor dicho Dani, que emergió para sacar una manopla providencial cuando el torneo ya viajaba a Vigo. Borja, por cierto, chutó de cine. El niño tiene madera de goleador.

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